Martin Bermudez Opiniones y Dudas

martes, julio 26, 2011

Hospital Paroissien. Teléfono para Scioli

Ayer, mi madre se accidentó en la calle. Por ser en la vía pública y estar sola, fue conducida a un hospital público. Hospital Interzonal Dr. Diego Paroissien, en Isidro Casanova. Provincia de Buenos Aires. A todo el personal, mi profundo reconocimiento por su heróica actitud. Ahora bien, al Gobernador Scioli, solo una descripción, sin juicios de valor: perros de la calle deambulando por los pasillos, instalaciones destruidas, enfermos psiquiátricos circulando por la guardia sin control, cucarachas caminando por las paredes, baños infectos, falta de personal y materiales, suciedad por doquier, gente sin techo tirada en los pasillos...y podría seguir in aeternum con la lista. Las paradojas de la Argentina son furiosas. Las asignaciones presupuestarias, un asco. Si ayer hubiese hecho una cámara oculta, me gano un Pulitzer. Pero no se trata de ganar premios, se trata de devolver la dignidad a la gente. La próxima que discutan presupuesto los legisladores bonaerenses, sería bueno más foco en los hospitales y menos en los lobbies. Lo mío no es indignación, sino una profunda tristeza. Yo estuve solo un día y por casualidad. Hay gente para la que la única alternativa son los hospitales públicos y el Paroissien no es el único en esas condiciones. Palestina tiene un mejor sistema hospitalario...Palestina. No se trata de dinero solamente, se trata de honestidad política, algo demasiado infrecuente en nuestras tierras. Tiene más entidad patriótica una enfermera de cualquier hospital, que cualquier político grandilocuente.

domingo, marzo 20, 2011

Recordando a Emma; La estupidez y la crueldad no son tsunamis.

Uno puede aceptar, aunque llorando consternado, que las tragedias que ocasiona la naturaleza generen miles de muertes; muchas de ellas evitables, si no fuese por el estado de indefensión en que se encuentran muchos pobres del mundo, relegados a vivir en zonas marginales, bajas, inseguras; postergados en la planificación de obras públicas que minimicen los riesgos propios de los embates de la naturaleza; en los casos de países con potencial sísmico, o tormentas y huracanes o tsunamis, la regla es que siempre mueren más pobres. Lo expuesto forma parte del plexo de déficit en materia de resguardo estructural de la humanidad, producto de la postergación de políticas públicas; políticas de estado que entiendan la vida como el primer derecho del hombre, sea cual sea su raza, religión, ideología o status socio-económico. Los pobres son solo peones de un juego entre crueles corruptos, que solo serán redimidos mediante su inclusión, impulsada por el demasiado lento avance de los Derechos Humanos desde su enunciado hacia su ejercicio. Lo que no, nunca, de ninguna manera se puede aceptar es que todavía haya tanto poder concentrado en un solo hombre, en vez de repartido justamente entre instituciones; el saldo de un única voluntad, tarde o temprano, queda sometido a la locura o los intereses egoístas. Mubarak, Khadafi, Hitler… y tantos más, horrible lista de malnacidos y peor acompañados, prueban lo que expongo. La postura anti belicista de este autor, harto desarrollada en artículos anteriores, no es producto de una ingenua construcción subjetiva; seguro que no. Es el resultado de la comunión de ideas con muchos, entre ellos los Masones, pero también infinidad de asociaciones y organizaciones del mundo, que, ya sea por impulso de la religión o las ideas y valores, denuncian a la guerra como la peor atrocidad, fracaso y estupidez del ser humano. Mientras escribo estas líneas, aviones Tornado matan personas, exterminan civiles, aniquilan a soldados forzados a vestir un uniforme que les queda grande, o chico, o incomodo…que no les abriga, ni les resguarda del calor, ni les quita el pánico al sentir que las bombas caen, estallan misiles y balas ciegas liquidan a su amigo de al lado, segundos después de una sonrisa resignada, en una gesta heroica acorde a los discursos, pero sin sentido, habida cuenta de que en la guerra nadie gana. Mueren asustados, humillados, llorando sus oraciones de desesperanza, porque saben que todo terminará allí. Y los analistas políticos justifican…explican, se solazan demostrando su poder de enfoque, citan estadísticas y viven su cómoda vida de asépticos platós de televisión, donde un avión cayendo en llamas es solo una película más, aunque se vea con menos realismo que una película de Stallone enojado con algún enemigo funcional a las tendencias del mal llamado “mundo libre”. Solo quien nunca olió la pólvora, ni fue ensordecido por los estallidos, ni vio la muerte de cerca, acepta los titulares sobre Libia (en este caso concentrador de la mayor cantidad de disparos del momento) como un titular de noticiero. Pero no solo ese país…, la lista es demasiado larga. Una amiga de mi familia, Emma, solía quedar con sus nervios destrozados cuando la pirotecnia navideña atronaba la ciudad; yo no entendía la razón de tanta zozobra, mi carácter de niño no me lo permitía. Hoy, si estuviese a mi alcance, prohibiría la pirotecnia, lisa y llanamente, la prohibiría; por el solo hecho de ahorrar a todas las Emmas del mundo, que conservan en su médula el recuerdo de los bombardeos de la segunda guerra, el vivir un solo segundo de horror redivivo. Hoy, si estuviese a mi alcance, retiraría el saludo a todos aquellos que aceptan la guerra como una variable. Pero no está a mi alcance; demasiado grande es el número de quienes lo hacen. Al menos sé que muchos me acompañan, pero no son suficientes. Desde estas líneas, que quizás tengan menos entidad que un mensaje arrojado al mar dentro de una botella, condeno la guerra. No acepto la guerra, ni la muerte, ni la crueldad y la corrupción que las provocan y acompañan. Tengo un mundo que legar a mis hijos y quisiera que heredasen menos fracasos. Tengo un horizonte para mostrar a las nuevas generaciones y no quisiera que el mismo fuera nublado por el humo de la guerra.

jueves, diciembre 02, 2010

El vigilante bueno y el policía malo. Entre el cielo y el infierno.

Ligeramente panzón, con una sonrisa sempiterna, el vigilante de la esquina nos conocía. Y cuando llegaba fin de año, la gente le llevaba regalos, porque era parte del barrio, de la cuadra, la esquina y la vida. Era un hombre respetado….y los chicos fantaseaban con ser policías. La delincuencia era menos violenta, no estaba la droga exacerbando la sangre hasta el paroxismo de la muerte inútil. Pero las cosas cambiaron. Hoy casi nadie mira a un policía con confianza, producto del descrédito en que ha caído la fuerza, merced a la corrupción inocultable, imparable, deplorable. Pero, no todos son así. Si bien es cierto que hasta el más bueno de los agentes siempre se acerca a prácticas de cuasi mendicidad, en las que las “pizzas gratis” configuran un paradigma de muzzarella, hambre y sueldos magros, también lo es que no todos son ladrones, secuestradores o cómplices de piratas del asfalto. Pero la sociedad rechaza a la policía, la quiere lejos, no quieren verla, ni tratarla. Rechazo puro y duro, que por supuesto, genera resentimiento en las fuerzas de seguridad: hay un sentimiento de ingratitud. Nadie respeta a la institución policial. Nosotros mismos vamos encerrando a todos los miembros de la fuerza en un esquema perverso: deben defendernos, pero aceptar nuestra repulsa. El viejo vigilante de la esquina ya está jubilado y sufre, cuando no termina herido o muerto a manos de una delincuencia nueva, irreverente, que mata porque sí. Los chalecos antibalas les quedan grandes, les impiden moverse, y dejan, literalmente, entrar las balas. Los equipos de comunicación son obsoletos y, muchas veces, ellos se salvan porque tienen teléfono celular. Los patrulleros están rotos, sin luces, sin repuestos, sin combustible. Y los políticos anuncian estupideces, teorizan, pierden el rumbo, no saben liderarlos…y compran más patrulleros, que en poco tiempo estarán tan deteriorados como los existentes. Y las comisarías huelen mal, están viejas, despintadas, incomodas. Y ellos, los que salen a jugar la vida en cada cuadra, van perdiendo el respeto de toda la sociedad y se frustran, viendo que sus hijos pequeños, que aún los admiran, en poco tiempo serán adolecentes y pasarán a integrar las filas de los avergonzados de tener un padre que eligió una profesión injusta, viviendo en barrios modestos, galgueando para llegar a fin de mes, sufriendo un horizonte de prosperidad y desarrollo negados, por una hipocresía social y política que los condena a la pobreza. No debemos engañarnos: ellos son consecuencias; la causa del despropósito son los políticos…y nosotros. Yo quiero otra policía. Una que tengan hombres bien equipados, bien instruidos, bien formados, bien remunerados. Yo quiero que un policía me cuide a mí y a mi familia, pero que sienta que le reconozco su cotidiano heroísmo. Yo quiero que llegue a fin de mes y pueda comprar una casa y un lindo auto. Yo quiero que pueda pagar los estudios de sus hijos; que sus hijos puedan elegir. Quiero, también, que esos mismos hijos estén orgullosos, al punto de pensar en seguir la misma carrera que su padre, pero no porque no hay otra salida. Y no quiero verlos como una lacra, ni que así se sientan. Quiero que recuperen el orgullo y la dignidad. Pero, para eso, también quiero que los corruptos vayan presos, que la diferencia se note, que no sea lo mismo, que termine el “cambalache”. Por supuesto Usted, querido lector, reaccionará frente a este artículo como quiera y esgrimirá razones de peso para decirme que soy un ingenuo. Pero no es ingenuidad, sino coraje, lo que anima mi reflexión. Cuando los políticos son probos, no queda lugar para la corrupción policial.

viernes, noviembre 12, 2010

Sobre fueros parlamentarios y cosas poco claras.

Un legislador tiene fueros parlamentarios y eso es muy bueno. Debe contar con protección institucional, para poder actuar sobre la cosa pública sin interferencias judiciales ni chicanas. Durante su carrera abraza diferentes causas, no todas, pero las que su prudencia y sapiencia le permiten atender. En muchos casos, esas causas responden a intereses genuinos de la Nación en su conjunto, tienden a mejorar la calidad de vida y política de la ciudadanía. Pero, a veces no es tan clara la motivación. ¿Qué se puede pensar cuando un Diputado sale de gira por los medios a mezclar todo, a pegarle a la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil), a su Director General, Granados y al Director Nacional de la DENSO (Dirección Nacional de Seguridad Operacional) Massolo, diciendo que son unos "ineptos"? Los ciudadanos no tienen porqué entender la compleja industria de la aviación, contrario sensu sabrían que Granados es un político, cubriendo un puesto político (es así en Argentina y todo el mundo). Massolo, en cambio, número dos de la ANAC, lleva casi cincuenta años de carrera aeronáutica. Ha sido Comandante de Aerolíneas durante casi toda su carrera; amén de Presidente de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), fue Instructor, Jefe de Flota, Inspector y llevaba en la autoridad aérea varios años, primero como inspector gubernamental y luego como jefe de inspectores, para desempeñarse, antes de asumir en la DENSO, como Director de Operaciones de Aeronaves. Un profesional respetado internacionalmente, en la FAA (Administración Federal de Aviación) y por sus pares. ¿Qué significa "Inepto" para el diputado? Tengo en la memoria una foto del Diputado cuando Aerolíneas firmó un convenio con una bodega de Luján de Cuyo. El hombre estaba cerca de la venta de vinos a la línea aérea. Amigo de una gerente de obscuro desempeño, estuvo "ominosamente" cerca del negocio de los vinos durante la gestión Mata. ¿Cuál será la verdad en sus denuncias contra la aérea, Recalde y la ANAC? Claro que tiene fueros y, por eso, puede difamar sin fundamentos. Un asco. Y si yo lo nombro, no tengo fueros. Y el tipo se lleva puestos a 9.000 trabajadores y de paso, respondiendo a vaya a saber qué intereses, el prestigio de un montón de profesionales. Vaya tranquilo Don Diputado, será difícil probar sus intereses.Mientras tanto, los ciudadanos, bien gracias.

sábado, octubre 16, 2010

Pechos y tanques. Una perversa asimetría.

El cómico español Gila, hacía en uno de sus monólogos, una descripción de la pobreza devastadora a la que se enfrentaba un pueblo durante la guerra y refería que “como no teníamos artillería, mandábamos a un pelado en un Fiat 600, que llenaba de insultos al enemigo…y no lo mataba, pero lo desmoralizaba bastante…” Mi padre escuchaba este y otros chistes grabados en un disco de pasta y yo, todavía en mi infancia, no entendía la sublime metáfora del monologuista, que graficaba el horror de la guerra en un pase de comedia. Mi padre lloraba, literalmente, de risa. Yo no entendía, entonces, que esa risa era correspondiente a los pensamientos que mi viejo me inculcaba sobre la guerra y la crueldad absoluta y definitiva de esta atrocidad, sostenida por el hombre con argumentos absurdos e indefendibles desde el punto de vista humano. Muchos años tardé en entender la diferencia entre un tanque y un “600”. El espeluznante chirrido de las orugas de un tanque, escuchado en las bandas de sonido de películas bélicas, nunca auguraba nada bueno. No podía hacerlo. La llegada de un tanque siempre es el preludio de una tragedia, absoluta y definitiva, también. Pero, si horror me causaban esas imágenes y sonidos, asumía que había cierta proporcionalidad en el caso de una guerra. Los hombres alinean tanques, antes de comenzar un ballet de fuego y muerte. Pero, de ambos lados hay soldados. Cuánto peor aún, cuando frente a los tanques hay, simplemente, hombres desarmados y comandando las máquinas de guerra, hombres también, pero desalmados. Criminal desproporción. La misma desproporción que deben haber sentido, allá por 1989, los jóvenes estudiantes concentrados en la Plaza Tiananmen, en Beijing, China, esperando lograr resultados superadores en materia de libertad y democracia. Fue ese, amén del terror, el sentimiento de esos muchachos, que ingenuamente subestimaron a un régimen que no admitía fallas ni debilidades en su visión totalitaria. Y comenzó la orgía teñida de sangre…y los tanques comenzaron a aplastar vidas, ideales y futuros, alejando toda esperanza de cambio, asegurando la estabilidad del régimen, advirtiendo a los futuros desestabilizadores de que no habría piedad. Ellos se dejaron aplastar. Le pusieron, literalmente, el pecho a los tanques. Tiananmen fue el punto de partida de muchas iniciativas valientes de algunos que sostuvieron su valentía en el tiempo, hasta hoy, más de veinte años después. Una de las consecuencias derivadas de estas luchas por la libertad se vio reflejada en estos días con la entrega del Nobel de la Paz a Liu Xiaobo, un perfecto ignoto para casi todo el mundo, que lleva, entre otros méritos, un pecho que se salvó de los tanques. China sigue teniendo los tanques, pero muchos países solo pueden oponerles el pecho a la hora de señalar algunas de las asignaturas pendientes que, aún, tiene la segunda potencia mundial: los Derechos Humanos. Y, cuando uno habla de esos derechos, debe remitirse al primero de todos, que es el derecho a la vida. Todas las actividades del hombre deben tener como punto de partida ese derecho y preservarlo. Todo régimen que aplaste las ideas con material bélico, debería revisar sus valores. Baste como ejemplo el hecho de los mineros chilenos: el mundo siguió en vivo, por todas las cadenas noticiosas, el rescate metódico, humano y prudente. Pero nadie dijo que, en China, mueren al año unos 500 mineros en sus minas de carbón. Carbón que, por otro lado, convierte a ese país en uno de los mayores contaminantes del planeta. ¿Es esto solo un descuido de la prensa o, muy por el contrario, simple y llano miedo? El premio Nobel es solo un pecho más, contra el tanque que no quiere oír, pero es bueno que el mundo sí lo oiga. Porque, en definitiva, lo que uno quisiera no oír más es el chirriar de las orugas, ni contra civiles, ni contra soldados. Y los tanques deberían quedar relegados para siempre, en los museos del fracaso del hombre, para que los pechos respiren tranquilos el aire de la libertad. En China y en todo el mundo, la guerra y los tanques son solo una parte del infierno, que compramos por adelantado.

miércoles, octubre 06, 2010

Billetera mata Maestro...

No importando cuál sea el razonamiento elegido para demostrar la imperiosa necesidad de desarrollar mejores políticas de estado en materia de Educación, el resultado en el imaginario popular es siempre el mismo: “tienen razón…y los Maestros ganan poco”… Pero, más allá de lo verdadero de esta sentencia, lo evidente es que nunca se entiende el problema en toda su magnitud, ni las consecuencias casi inmediatas que una mala “Educación” genera en el desarrollo sustentable. A los presupuestos de dudosa planificación y ejecución (habida cuenta de los magros resultados), se suman las dramáticas fallas de infraestructura edilicia, la escasa articulación de los diferentes niveles educativos, la no orientación de las carreras universitarias con un verdadero sentido de desarrollo industrial, económico y social y el perimido concepto de que los profesionales no tienen salida laboral. La realidad es bien distinta: los que tienen cada vez menos salida laboral son los que no tienen títulos universitarios. Y si el problema es grave en materia de individuos, peor aún cuando nos damos cuenta de que los países que no tienen profesionales, están limitados a un horizonte bien, pero bien pequeño. En estos últimos días, algunos artículos daban cuenta de que, nada menos que, Brasil, se enfrenta a una crisis por falta de profesionales. ¿Qué pasó? Fallaron los cálculos y el crecimiento económico exponencial de nuestro aliado ha alcanzado un cuello de botella. Es tal el grado de desarrollo empresario e industrial, que no llegan a cubrir sus necesidades de universitarios con títulos de grado en muchas disciplinas imprescindibles para seguir creciendo. ¿Qué podría pasar en Nuestro País? Exactamente: lo mismo. Más allá de la inexcusable falta de seguridad (también relacionada a la educación y la inclusión laboral), estamos perdiendo tiempo. Aunque a un ritmo mucho menor que Brasil, nuestro país crece en forma sostenida. Si tuviésemos un acierto en materia de decisiones coyunturales de gobierno, y eso nos permitiera acelerar el crecimiento económico, poco duraría la gloria y nos enfrentaríamos a las consecuencias directas de nuestro atraso educativo. Pensar la Educación hoy es la mejor herramienta de inclusión del hombre, pero también, y por sobre todas las cosas, es cuidar las riquezas del mañana.

martes, septiembre 14, 2010

Masonería. El arbitrio de los valores.

Casi como una especie de letanía, escucha este autor, en innumerables oportunidades, la frase: “Se han perdido los valores”. No importando el contexto social o económico o el ámbito laboral, la frase es siempre la misma. Y uno comienza a sentir que los valores tienen el mismo prospecto que los dinosaurios: figurar en algún rincón del Museo de Historia Natural. Pero, ese es el peligro de repetir ideas instaladas en el imaginario popular; terminan siendo verdad. Por supuesto, puede uno asumirse como un simple espectador de los fenómenos de la naturaleza, y dejar que la falacia se perpetúe. O bien, decidirse de una vez y para siempre a ejercer sus valores sin temor, expresándolos mediante el ejemplo, en cada uno de los aspectos de la relación con los demás. Trabajo, club, colegio, universidad, tren, colectivo, calle…son solo lugares, pero los valores deben ser una constante, en el discurso y en el accionar. En lo que a mí respecta, aporto muy humildemente mis ideas en algún escrito o discurso; eso es lo que sé hacer, pero todos tenemos la oportunidad de aportar algo desde nuestras iniciativas. Un médico sensible con sus pacientes, se nota; un abogado ético y justo es respetado; un académico con verdadera vocación por enseñar, es una eminencia, merecidamente; pero también lo es cada uno de los trabajadores que honran su oficio o profesión, aplicándose en la excelencia, el servicio y la honestidad. Tienen valores. Un funcionario probo nunca puede ser cuestionado, y los hay. Un gobernante justo puede generar desacuerdo con sus políticas, pero es respetado en su función. Es, en el lenguaje coloquial, tener “códigos”. Pero, no siempre los códigos son sinónimo de valor. Sin embargo, aquellos que no respetan ni los códigos, podrían ocupar un lugar junto a los traidores, en el último de los infiernos (Voto al Dante! ). Precisamente, el ver el descaro con el que se rompen códigos, nos hace inferir la muerte de los valores. Pero, no es así. Seguro no lo es. Los valores están subsumidos, en una especie de torbellino al que nos enfrentan algunos emergentes de la realidad. Si nos gana el pesimismo, no vemos todo lo bueno que aún existe. Me pongo a pensar en la historia; los momentos de crisis del país, y encuentro una constante. Hubo renunciamientos y altura para terminar conflictos, incluso guerras, que se evitaron por los buenos oficios de instituciones que actúan en la sociedad. Sirva esta larga introducción para entrar de lleno en el tema que (no distraídamente) me propongo destacar: el rol de la Masonería Argentina en la historia de Nuestra República. Pero no se puede hablar de la Masonería en pasado; porque no es la conjugación correcta. Por supuesto generan respeto los Hermanos que han sido Padres de la Patria, pero ellos son solo el testimonio de que debemos esforzarnos por seguir su camino. La Masonería está activa en la Argentina, como en aquellos tiempos. Y se trata de una institución, al menos, llamativa. Allí se juntan a trabajar, hombres que vienen de trabajar. Por cierto que esto es un esfuerzo, pero los Masones agradecen poder hacerlo. Saben que los valores están vivos y sobre ellos trabajan, en esa forma silenciosa, que genera misterios y abona las teorías de los autores de novelas. La Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, son solo el comienzo de un credo que sostiene como herramientas la Ciencia, la Justicia y el Trabajo. Únicas maneras de elevar al hombre. Pero también practican la tolerancia, el respeto por las ideas de los otros, el librepensamiento y su expresión, la lealtad, la solidaridad, la filantropía, el humanismo. Hace poco, en una conversación familiar, escuché una frase que me dejó pensativo: “Y.. era un tipo muy correcto, muy profesional…se notaba que era Masón”. La persona que esto decía, casi octogenaria, pensaba en la Masonería como un valor. Pero ¿Cuál era ese valor? Esta pregunta me puso en la obligación de hacer una visión retrospectiva y leer bastante, hasta que obtuve una respuesta suficiente: La Masonería tiene valor “arbitral”. Claro que, lógicamente, muchas veces esto ha sido observado (y de allí las leyendas) solo por las clases dirigentes, el llamado “establishment”. En cuanto al resto de la sociedad, solo vieron los resultados, manifestados a través de hospitales públicos, escuelas, universidades, organizaciones benéficas o de ayuda mutua; o, el impulso de políticas de estado, que luego devinieron en leyes progresistas, pero nunca supieron que, detrás, estaba la Masonería. Extraño valor arbitral, considerando que todo fue hecho sin otro fin que el bienestar del hombre y nunca se hizo publicidad. Hoy la Orden Masónica se encuentra activa, intentando volver a tomar iniciativas superadoras, practicando sus valores en acción, recuperando su lugar de equilibrado arbitrio frente a la sociedad. Es bueno que así sea.

lunes, septiembre 06, 2010

A un año de las elecciones. ¿Dr. Jekyll o Mister Hyde?”

Recuerdo un viejo personaje de historietas, llamado “El otro Yo del Doctor Merengue”, que como una especie de remedo humorístico del “Doctor Jekyll y Mister Hyde” (donde Stevenson planteaba su alegoría sobre el bien y el mal), nos enfrentaba con esa dualidad interna, con ese desafío del equilibrio humano que es la convivencia. Todos los días aceptamos racionalmente cosas que, en el plano emocional, nos generan molestias, incluso, ira. De eso se trata convivir. Pero, ser racionales requiere de un esfuerzo adicional, que es el compromiso de solucionar las diferencias y no de callarlas; caso contrario estaríamos logrando el mismo resultado que con un ataque de ira, aunque mucho menos cruento. Y, aún más, si a eso no le agregamos coraje. Porque, requiere mucho coraje salir de los discursos exaltados y profesar nuestra madurez cívica. Todos los días preferimos ser El Doctor Jekyll, antes que reaccionar como Hyde, esa criatura de costados violentos, reprimida en el fondo de nuestras almas…todos los días. Pero en algunos momentos, por alguna obscura razón, la sociedad comienza a dejar que sus monstruos internos afloren. Y como una especie de mandato de película “Clase B”, los zombies surgen violentos y se atacan entre sí, en una euforia de bajo costos de producción, pero consecuencias muy caras. A poco de entrar en un año de elecciones, parecen dadas las condiciones para que nos juguemos nuestra racional convivencia, nuestra decisión de ser pacíficos, en una batalla que toma proporciones disparatadas, si pensamos que solo se escuchan descalificaciones y no propuestas. Y Mister Hyde comienza a ocupar más espacio que nuestro lado bueno, pero estamos a tiempo de frenarlo. Propongo como herramientas: la escucha activa, a ver si hay propuestas y la participación, si hay algo que proponer. Quizás sea un buen comienzo para dejar el monstruo guardado.

lunes, agosto 23, 2010

Los hombres de la libertad.

Ellos creen firmemente en seguir el camino de los valores. ¡Y vaya que les cuesta sacrificios! Ellos sostienen que es posible y necesario progresar colectivamente. Tienen el coraje de respetar a los demás; son solidarios, educados, empáticos, reflexivos, asertivos. Creen en el estudio, en la excelencia, en el ejemplo; y también, creen en los demás. A veces los tratan de ingenuos, o idealistas, o utópicos, pero se quedan tan tranquilos… Avanzan con la mirada y las esperanzas puestas en un mañana mejor, pero a su visión la acompañan con propósito y, a este, con pasión. Son muchos más de los que creemos, muchos; caso contrario sería imposible entender las recuperaciones casi milagrosas de nuestra amada Nación, toda vez que nos han arrastrado las inexplicables crisis vernáculas. Y encima juegan limpio. Respetan a rajatablas la Constitución, aún en momentos en que otros decidieron tomar el camino del autoritarismo… o…las armas. Han sufrido, vibrado, despotricado, llorado y gritado frente a cada momento absurdo de nuestra historia en que sintieron que todo se desbarrancaba. Han creído en la libertad absoluta de las ideas, pero respetando la ley y por sobre todas las cosas, la vida. Han dado ejemplos, nos han mostrado caminos, han sido héroes. Pero nosotros no logramos respetarlos lo suficiente. Elegimos el camino del éxito fácil y rápido, de la fama a cualquier precio. Somos capaces de dedicar horas a mirar un caprichoso heredero que ha decidido convertirse en estrella de un firmamento de cartulina, mientras en otro canal, hombres de la talla de Abel Albino nos muestran su canto de esperanza en un mañana más humano. Elegimos mal. Y también validamos la sonrisa condescendiente de los otros, que piensan en ellos como inocentes. Pero ¿Quiénes son los otros? Son los que medran en la corrupción; los que aprovechan las miserias para enriquecerse; los que poniendo cara de estadistas, arman bandas de delincuentes que sistemáticamente saquean los recursos del estado; los que pasan de oficialismo a oposición por intereses propios y nunca por ideales; los que solo ven lo que roban los de enfrente, pero callan el delito en su propia casa; los que descreen del trabajo honesto; los que pagan votos; los que prometen en campaña lo que saben que nunca podrán cumplir: los que persiguen al que piensa distinto; los que amordazan las ideas y la expresión; los violentos; los sindicalistas ricos de sindicatos pobres; los que se meten a la política al solo efecto de ganar poder e impunidad; los criminales; los narcotraficantes; los ricos “inexplicables”; los que gastan en campañas lo que no le pagan a los médicos y los maestros Esos son los otros. Sin embargo, ellos son más. Y me dan la fuerza de seguir adelante, de educar a mis hijos para que se conviertan en “ellos” y no en “los otros”. Son más, somos más…y no vale la pena bajar los brazos. Todavía existen los hombres de la libertad.

martes, julio 27, 2010

Declaración de No Guerra.

La ausencia de guerra no implica necesariamente la idea de paz, pero al menos, es una base indispensable para pensarla. La paz, como tal, no puede ser entendida toda vez que las asimetrías existentes en el tejido de la humanidad arrastran una larga historia de exclusiones, violaciones de derechos humanos, miseria, enfermedades endémicas, desocupación, hambre, violencia urbana y rural, pobreza estructural y demás horrores que, no solo no hemos podido superar, sino que contemplamos como espectadores de una tormenta, en la que pensamos que nada podemos hacer. ¿Estamos en paz? De todas formas, se entiende que nunca sería posible corregir nuestros fracasos partiendo de una guerra. Los “señores de la guerra” festejan los discursos beligerantes; significan nuevos mercados. No acepto que alguien arengue a sus ciudadanos, explicando verdades maquilladas, denostando a sus potenciales rivales, diciendo bravuconadas inconsistentes, poniendo cara de pícaro y ordenando movilizar tropas y tanques como si hiciera un delivery de pizza. Pero…algo de verdad hay en lo que denuncia. Es cierto que la hipótesis de Estados Unidos siempre contempla la utilización de misiles y caza bombarderos y nada de inocencia hay en su intento de instalar bases, sea donde sea. También lo es que mirar a las FARC como una iniciativa romántica, es una canallada y apoyarlas, de cualquier manera, es ser funcional a una violencia terrorista de la que el mundo ha sido víctima en todos los continentes. Y no hablemos de los engorros semánticos a los que se exponen los políticos que no logran aclarar su relación con las narco-guerrillas, en un país que no supo, ni pudo, parar a la serpiente en su incubación. Y seguimos expuestos a la lógica del alineamiento con un imperio decadente o, con ejes formados por regímenes totalitarios y teocracias. En la guerra no gana nadie. No quiero de amigos a ninguno de ellos. Para ellos la vida es un valor relativo. Jugar livianamente con la idea de que hay muertes aceptables es lo mismo que matar…lo mismo. Y veo a un ex deportista, ex ídolo, ex muchas cosas, riendo y festejando las declaraciones belicistas de un mandatario frente a las cámaras de TV, demostrando que su pobre caletre no le deja ver que festeja las barrabasadas discursivas de una potencial declaración de guerra. Pobre él, pobres nosotros, pobres Venezuela y Colombia. Pobres ciudadanos de un circo espantoso en el que se arma el escenario para que luego algún líder aparezca como el héroe mediador. Oler la pólvora, escuchar las explosiones y los disparos, oír los gritos de dolor…sentir la muerte cerca, cercenando familias y futuros…y un estúpido festejando el posible festival de AK 47, M16, AR 15…simplemente porque alguna vez Fidel se dijo su amigo, porque le cae simpático Chávez, o porque no pudo ganar un mundial ni hacer que nadie “la tuviera adentro”…es una tragedia con “boludos” sonriendo. Y, sabiendo que la paz es una utopía, les declaro la no guerra.

jueves, julio 08, 2010

Invitación a concierto.

miércoles, junio 30, 2010

El argentino medio. Una oda a su valiente ingenuidad.

El argentino medio, ese engranaje fundamental del adelanto de nuestra Patria, tiene el coraje de bancarse su ingenuidad, a pesar del cinismo circundante.

Y no es que no tenga otro remedio, seguro que no.

Abriga la profunda convicción del que conoce la grandeza del destino que le aguarda, a pesar de las señales en contrario que le dan los mediocres derrotados por vaya a saber qué guerra.

Siempre encuentra alguien que intenta convencerlo de abandonar ideales, de sumirse en el abandono cívico, de dejar que otros le busquen un futuro, porque, total, no vale la pena.

Sin embargo, se mantiene fuerte.

Cada desencuentro con el paradigma del progreso le refuerza en su propósito; cada revés es un acicate para levantarse, irguiendo aún más su mítica estatura de hombre común.

No podría explicarse de otra manera las bonanzas de nuestro suelo, que parece crecer por la noche, recuperándose del maltrato al que le someten los políticos ímprobos, los deshonestos funcionales, los corruptos estructurales.

La gente buena es mucha, mucha más.

Pero, como hablamos de ingenuidad y la misma parece tener una carga peyorativa, propongo divorciarla de la asociación con la estupidez y enfocarla desde un nuevo punto de vista.

Todos sabemos que la política es, al menos, obscura.

También tenemos claro que desde la soledad no se cambian las cosas que funcionan mal.

Pero, preferimos mantener, a priori, una actitud sana, de respeto por las reglas, por los otros, por la tierra, por la vida.

Seguimos educando a nuestros hijos con valores que sonarían depauperados, si nos atuviéramos al mensaje de los piolas, los cínicos, los tomadores de atajos.

¿Por qué lo hacemos?

¿Es por no darnos cuenta?

Seguro que no.

Esta repetición de modelos aparentemente anacrónicos responde a la profunda convicción de que el camino bueno es uno solo.

Si juzgásemos la realidad desde algunos emergentes coyunturales, como un millonario malcriado que está de novio con las cámaras; o un mediocre playboy que devino en político a fuerza de empujar con su dinero; o un gremialista que se esconde en un auto de lujo con vidrios polarizados, mientras sus representados se ven obligados a reverenciarlo desde su pobreza maquillada con dudosas conquistas sociales; o una conductora de televisión, festejada como diva, cuando su ignorancia disfrazada de desparpajo le hace ver “divina”, a pesar de su flagrante avejentada tilinguería…, bueno, estaríamos perdidos.

Pero, también estuvieron Roque Pérez, Lisandro de la Torre, Alfredo Palacios, Sarmiento, Alberdi, Belgrano, Moreno, San Martín, Favaloro…y podríamos seguir así, hasta agotar la paciencia, pero no la lista.

Y eran hombres comunes: hombres medios.

Y su ingenuidad no era otra cosa que ideales en acción.

Esa mal llamada ingenuidad que motorizó todas las grandes cosas de que fuimos, fueron y somos capaces.

No es ingenuo el que trabaja para ganar su pan; ni el que estudia con sacrificio; ni el que respeta al prójimo; ni el que piensa que hay causas que ameritan sacrificio; ni el que respeta la ciencia y el saber por sobre el dinero y el poder; ni el que milita en un partido político, a sabiendas de que la estructura de dicho partido le impedirá crecer demasiado; ni el que hace filantropía, sin hacer publicidad; ni el que se emociona hasta las lágrimas frente a la pureza de la infancia ; ni el que todavía se indigna cuando se falta el respeto a un anciano; ni el que evita ensuciar la calle; ni el que evita estacionar mal; ni el que dice por favor, gracias, de nada; ni el que sonríe…

No son ingenuos.

Son valientes con los que uno se animaría a construir un futuro venturoso.

El argentino medio no es ese estereotipo de vivillo ventajero, estafador y desconsiderado.

Es, a todas luces, aquel amigo que me entiende, me acompaña en mis sueños, me alienta cuando se asoma mi cansancio y me permite seguir creyendo.

Con él, me animo a buscar un destino de igualdad, de libertad, de fraternidad.

Con él, honro a la ciencia, a la justicia y al trabajo.

Con él se puede.

Vayan mis respetos para su valiente ingenuidad.

miércoles, junio 23, 2010

Todavía hay esperanzas, a pesar del “Gran Bonete”.

No son los políticos los que me preocupan. Somos nosotros. Nosotros; incapaces, cada vez más, de gestos de grandeza. Nosotros; exculpándonos frente a la historia, mientras buscamos en otros, los ricos, los pobres, los negros, los políticos, los ladrones, los gremios, una buena razón para sentir nuestra inocencia. Nosotros; mostrando a nuestros hijos las fallas de las instituciones, pero olvidando destacar la importancia de respetarlas a toda costa. Incapaces, también, de tomar al toro por las astas y comenzar a reconstruir la República que dejamos en el camino, allá en el tiempo, cuando los héroes eran hombres con coraje, convicciones y miedo. La política comienza toda vez que traspasamos el umbral de nuestra casa. Todo es política. Una reunión de consorcio; un grupo de padres organizando un viaje de egresados; una relación respetuosa con nuestros vecinos, compañeros de trabajo o simples conocidos. Porque se trata de construir desde las bases y no desde la terraza, es que enfocarse en nuestra cotidianeidad, puliéndonos como personas, es el primer paso de los objetivos más elevados. Perdimos la capacidad de escuchar el disenso, de hacerlo en forma activa, de ser empáticos. Ahora, para eso, contratamos un “coach”. No todo es blanco. Ni todo negro. Es casi como si sufriésemos una “acromatopsia” (o daltonismo, que es lo mismo) y no distinguiésemos los colores de lo bueno, condición indispensable para conocer los de lo malo. Si mi esposa opina algo a favor del gobierno en una ronda de amigos, todos me miran como diciendo “divorciate”. Si tengo un amigo que piense que algunas medidas de gobierno son superadoras, me cuido de no juntarlo con los otros, los que piensan que todo está mal, porque seguro tendremos una discusión interminable, llena de argumentos copiados de lo leído en los medios, a favor o en contra. No polarizamos y no nos preguntamos: ¿A favor o en contra de qué? ¿De los hombres o… de sus actos? ¿Del discurso o… de los hechos? He mantenido mi independencia editorial a través de los años, a sabiendas de que no se abren muchas puertas jugando al librepensador. Pero, no importa si uno trata de criticar las macanas, pero destacar cuando algo está bien hecho. Se debe jugar para uno u otro bando, so pena de convertirse en sospechoso para ambos. Y a veces me pregunto cuándo vendrá la reacción. Y la respuesta es siempre la misma: cuando seamos capaces de lograr objetividad. A mí no me preocupa que la Presidenta tome los micrófonos con las manos, o su gestualidad, o sus berrinches, salvo cuando el objeto de los mismos son los periodistas, porque en ese caso, ataca una importante herramienta del funcionamiento republicano. Mucho menos me preocupa que la oposición esté dividida y no logre salir, en muchos casos, de la queja. Lo que sí me preocupa y me ocupa, es el vacío de propuestas. La falta absoluta, impúdica, indefendible, execrable, bochornosa, de políticas de estado. La miopía de pensar el futuro como algo lejano. Una primera lista corta: medio ambiente; educación; salud; justicia; seguridad; vivienda; infraestructura. Una más corta aún: valores. Y, entre ellos, uno fundamental: el respeto por las ideas de los otros. Los otros; oficialistas y opositores; todos los otros. Nadie tiene patrimonio absoluto sobre los aciertos y la historia reciente así lo ha demostrado. Si no logramos salir de esta lógica perversa nos convertiremos en algo mucho peor que aquello que hoy nos desalienta. Pero, no obstante lo planteado anteriormente, soy optimista. Veo cada día gente esforzándose, creyendo en sí misma, apostando a formar a sus hijos como hombres de bien, escapando de la furia hedonista de los noventa, ayudando a otros, defendiendo ideas sin aplastar las de los demás, honrando la Bandera y el himno aunque no juegue Argentina, cediendo el paso o el asiento, diciendo por favor y gracias, riendo con un chiste inocente, animándose a amar, abrazando a sus amigos, permitiéndose aún la ingenuidad por convicción y no porque no tienen más remedio. Y pienso que no todo está perdido. Ellos no culpan al “Gran Bonete”.

viernes, junio 11, 2010

Alta en el cielo.

El avión entra en la cabecera de la pista. En la cabina de pasajeros se escucha un anuncio desde la cabina de comando: “Tripulación de cabina, ocupen posiciones para el despegue”… Y comienza el rugido de cuatro motores, el empuje casi salvaje, la carrera que permitirá un salto hacia el cielo. Algunos miran por las ventanillas, los tripulantes están atentos a todo; algunos viajeros, que todavía abrigan temor de volar, tensan los músculos y, el avión, ese amigo confiable y cuidado, alcanza su velocidad de referencia, a casi doscientos cincuenta kilómetros por hora y…vuela. Un minuto. Un solo minuto que resume sesenta años de historia; de llevar y traer emociones, ilusiones, sueños y proyectos. Un minuto que muestra todo: el profesionalismo, la pasión, el estudio, el esfuerzo, el coraje, el trabajo de nueve mil hombres y mujeres. Un minuto que sentí propio hace ya más de veinticinco años. Han pasado tantas cosas, tantas administraciones, tantas promesas… Y nosotros, seguíamos, empujando el futuro, aunque los vaticinios eran pesimistas. Y debíamos escuchar voces, no desinteresadas por cierto, que desde una peligrosa ignorancia opinaban sobre Nuestra Empresa. Voces que pregonaban el cierre como la “única solución”, evitando mirar la realidad de la industria en el mundo; que hablaban en términos absolutos sobre privado o estatal, olvidando los conceptos de Servicio y Público. Sobraron las muestras del peligroso rumbo de la aviación en manos de empresarios inescrupulosos, mientras nosotros, los aeronáuticos, seguíamos fielmente concentrándonos en ese minuto del despegue. Porque había que volar… Y ahora, un nuevo punto de partida. Se presentó en Aeroparque, en los hangares, el plan de negocios 2010-2014. Hubo discursos, justos, no excesivos. Y los nuevos colores de nuestros aviones y la nueva esperanza. Un plan no deja de ser una visión, que de nada sirve sin propósito. El plan lo explicó un joven economista, Axel Kicillof, con un entusiasmo contagioso, sustentado en números, proyecciones y realidades, que los presentes conocemos desde siempre. El propósito quedó de manifiesto, con solo observar a más de mil empleados de la compañía tomándole examen a la propuesta y aplaudiendo rabiosamente . Algunos habían estado trabajando toda la noche y, sin descansar, hicieron acto de presencia. Otros, salieron corriendo a sus casas, a vestir el uniforme y redoblar el esfuerzo, ahora que hay rumbo. “Volemos juntos”, proponía una de las consignas. “Recobremos el orgullo”, rezaba un cartel y yo pensaba que nunca lo perdimos, a pesar de los avatares. “Creamos que es posible” decía otro, y por cierto, todos lo creemos, aunque las voces poco claras de algunos intereses muy oscuros prediquen lo contrario. Por supuesto, la prensa del día siguiente no pudo, ni quiso, ni supo reflejar la emoción, ni tuvo el rigor intelectual de hacer un enfoque serio del plan expuesto. Pero estamos acostumbrados; volamos bien aunque el cielo sea tormentoso. Nos concentramos en ese minuto, desde los talleres, el call center, los mostradores, las cocinas, las rampas, las bodegas, las oficinas, todos corremos junto al avión, absolutamente todos. Y cuando lo vemos en el cielo, cuando repasamos nuestra historia, cuando miramos a nuestros colegas, que entraron jóvenes a trabajar, con menos canas pero con la misma sonrisa, entendemos que hemos pasado la vida festejando despegues y aterrizajes, con la misma pasión y compromiso que hoy. No hay dos realidades, hay una sola, pero muchas voces que tratan que se vea de otra forma. No hay dos Aerolíneas, sino una, sólida y sustentada por sus trabajadores, que no han descuidado ni un instante las prioridades de la profesión, que pueden haber diferido muchas veces en la forma de encarar algunos temas, pero que siempre supieron lo que querían: mantenerla en vuelo. Puede que muchos de mis colegas, como yo, hayan entrado en el último lustro de servicio aeronáutico; puede también que haya dudas, siempre las habrá; pero hemos hecho país, hemos hecho patria con lo que teníamos, poco o mucho, pero nuestro. Hay nuevo plan, hay nuevos colores, hay nueva imagen y acompañaremos, porque hemos vivido en, con y para Aerolíneas Argentinas. Para verla como siempre: Alta en el cielo.

martes, junio 01, 2010

Sobre goles y prontuarios.

A pesar de la evidencia de las cosas turbias; aun sabiendo que las emociones rozan la ingenuidad; enfrentados a sentimientos encontrados del tipo Maradona sí-Maradona No, cuando dudamos del ejemplo elegido como representación del deporte argentino; aun maldiciendo porque un jugador de nuestra preferencia quedó afuera: vibramos con el mundial. Es ese inexplicable sentimiento animal, que nos enfervoriza hasta el paroxismo, haciendo que olvidemos que no todo vale cualquier precio. Y la impunidad sempiterna, siempre ahí, en el tablón, el “bondi” prestado por un empresario amigo, que siempre ayuda a movilizar, barras o cuadros políticos, o en un avión… Pocos periodistas se animan a denunciar, durante el cuatrienio de la alternancia entre un mundial y otro, a las mafias (Sí, mafias con todas las letras) que viven en el lado oscuro del fútbol. Y la hipocresía de los dirigentes; esa cara dura que les facilita poner cara de yo-no-fui, yo-no-los-conozco. Crápulas enriquecidos, merced a los recursos monetarios a los que acceden, cuando dirigen un club; dinero abundante que fluye en los pases de jugadores; campañas políticas de clubes mezcladas con las otras campañas, las que requieren fuerzas de choque funcionales a un acto en la Matanza, o en Avellaneda, o en el Luna Park, o en un sindicato que necesita hacer “aprietes”. Y nosotros, quemando bocinas, comprando banderas, pintándonos la cara. Como en el setentaiocho. ¿Somos ciegos? ¿Sordos? ¿Locos? No, no y no. Hay dos mundiales. Uno, el del lado bueno, donde las lágrimas son genuinas, la alegría por el gol espontánea y los festejos fraternos. Otro que mete miedo y da asco, mucho asco. Pero no repudiamos (ni re puteamos) lo suficiente. Entonces, pasan los años y algunos dirigentes del futbol se enquistan en la política grande, la que necesita hombres de bien, pero los expulsa al dejar espacio a delincuentes con cara de hombres de estado. No hay divorcio entre una cosa y la otra. El fútbol nos desnuda, nos pone en evidencia, nos muestra que los valores no son relativos: si admitimos la corrupción en la organización de una justa deportiva, admitimos la corrupción en todo. No hay término medio. Y caen papelitos, suenan bombos, se oyen cantos de la hinchada (que no es la barra brava) y volvemos a llorar, cantamos el himno, miramos las caras de nuestros jóvenes jugadores y nos sentimos “tan argentinos”. Amnesia emocional. Pero ojo, no confundirse: no hay miembros de la corporación política que desconozcan la corrupción que convierte a los barras en una herramienta funcional. Y nadie, nadie quiere hacer demasiado barullo denunciando, no sea cosa que termine trasquilado y se interprete que es un anti-argentino, anti-fútbol. Es así como, junto a las familias y los hinchas de verdad que pagaron su pasaje con ilusión, encontramos a los que lo pagaron con corrupción, propia y ajena. ¿Ganar o perder un mundial cambia algo? Probablemente sí: los bolsillos de los dirigentes. Por supuesto queremos ganar el mundial, que Messi brille, que se luzca, que haga caños, que les pinte la cara en el área a todos los arqueros, que no deje de sonreír y abrazarse con el equipo ante cada valla vencida. Pero no, definitivamente no, que se reciba a los delincuentes disfrazados de hinchas en la concentración, como si fueran dignatarios de una potencia extranjera. Uno no sabe qué responder cuando un hijo pregunta: ¿Por qué no los meten presos? Están identificados, tienen antecedentes, han estado implicados en actos de violencia, cuando no de homicidios. Pero viajaron al mundial. Obtuvieron pasaportes. Y después, cuando den la nota, cuando cometan actos de vandalismo, cuando salgan en todos los diarios del planeta, serán argentinos, sin distinción; no criminales: argentinos. ¿Sirve de algo ganar un mundial a ese precio? Alguien pagó los pasajes, o los pagaron con robos, secuestros y tráfico de drogas. Alguien permitió que fueran; alguien les dio pasaporte, alguien los puso allí. Quisiera saber quién es ese alguien.

miércoles, mayo 19, 2010

La sobremesa de los ciudadanos.

No se trata de ser héroes, ni mártires, ni mucho menos próceres: solo ciudadanos. Bajar de la crítica a la propuesta es el comienzo de un camino duro, pero no existe otra forma honrada de mejorar las cosas. Y son las fórmulas sencillas las más adecuadas, como decía mi padre, toda vez que tenía yo la suerte de escucharle en nuestras charlas de sobremesa, una costumbre poco cultivada actualmente, probablemente por la urgencia que nos compele nuestra agenda. Trato cada día de repetir esa costumbre con mis hijos, escucharlos, entenderlos y, así, entender el mundo como ellos lo ven. Una simple sobremesa. Es que no tenemos tiempo para la empatía ni para la escucha activa y cualquier pensamiento diferente resulta en una amenaza a la seguridad de nuestra sordera, la comodidad de nuestra ignorancia. Tengo el orgullo de decir que he fracasado muchas veces, condición sine qua non para haber obtenido algún triunfo. He logrado respeto y cosechado adversarios, a veces en la misma gesta, pero pocos enemigos, porque me impuse, por sobre todas las cosas, cultivar el respeto hacia los demás. Confieso que el agotamiento ha acechado mi salud física y emocional y he llorado cuando los proyectos quedaban truncos; pero nada se compara a la alegría de mis pequeños triunfos. Alguna vez he comentado en un artículo (“Sobre mi padre y el General”, en mi blog) que mi viejo, querido y respetado a ultranza, tenía un daguerrotipo de San Martín colgado sobre su biblioteca, junto a volúmenes de Ingenieros, Alberdi, Sarmiento; pero no por eso pretendía una estatua ecuestre, y salía a trabajar con alegría, viendo que nosotros, mis hermanos y yo, crecíamos bastante cerca de los ideales que él nos inculcaba…bastante cerca. Eso son los ideales: modelos de valores. Pero ¿qué es la trascendencia? Seguramente no una tapa de diario, ni un homenaje en vida, ni un cinturón de campeón, ni un juguete con motor de tres litros y una estrella en el capot y, mucho menos, una banda de adulones obsecuentes que nos dicen que somos dios. La trascendencia de nuestros actos podría medirse en las bondades de nuestra descendencia. No solo nuestros hijos, sino también nuestros discípulos, compañeros, congéneres y amigos que, inspirados en alguna de nuestras actitudes nobles, reciben un mensaje inspirador para continuar viviendo en y con valores. ¿Alguna vez nos proponemos cuidar nuestro lenguaje y las ideas que expresamos frente a los demás? No hablo de decoro, seguro que no; tampoco de evitar alguna puteada oportuna. Hablo de mostrar ese camino de las propuestas, ese desafío de la inteligencia que, para sobreponerse a un mal momento, busca salidas constructivas. Buscamos líderes iluminados y olvidamos el fuego interno. Soslayamos los ejemplos y esperamos resultados de generación espontánea. Educar en libertad es mostrar vocación por el trabajo y el estudio; explicar que no hay fórmulas mágicas, que la solidaridad es el camino del sentimiento fraterno, que el premio por la honradez es solo nuestro, que no se debe esperar de los demás. Yo, por lo pronto, agradezco al Gran Arquitecto cada momento junto a mis hijos, compartiendo el pan, la vida y las ideas, inculcando los valores que recibí en otras mesas, hace mucho tiempo. Tengo una muy pequeña fábrica de ciudadanos que se llama sobremesa.

martes, mayo 11, 2010

Aerolíneas: un esfuerzo indispensable.

Cuando se publican noticias sobre Aerolíneas Argentinas, las nubes de humo tapan los escenarios, a punto de convertirlos en ininteligibles. Cuando los medios de información hacen juicios de valor sobre la industria de la aviación, no tienen, en general, una idea cierta de los baremos evaluados. Más, aún, si se trata de la Argentina. Se pone el foco en las pérdidas que genera la empresa aérea estatal, sin la honestidad intelectual de contrastar su performance con la de la casi totalidad de las empresas del mundo. Si bien es cierto que, entendiendo el transporte aéreo como un lujo, uno podría pensar que el Estado Nacional se encuentra empeñado en un dispendio absurdo, cabe resaltar que poco de lujo tiene una herramienta básica de integración territorial estratégica. La Argentina es uno de los países más extensos del orbe y muchas de sus provincias dependen, literalmente, de un sistema de transporte que ha sido postergado, sistemáticamente, en pos de posturas ideológicas que no priorizan el federalismo como herramienta de futuro. Un escenario anárquico primaba entre las empresas de aviación en Argentina, cuando el general Perón decidió una medida extrema: unirlas a todas bajo el paraguas de la nueva Aerolíneas Argentinas. Fue una medida de una clarividencia absoluta. Ese era el nuevo paradigma, que aseguraba proyectos de inversión que ningún empresario privado podría haber asumido sin arriesgar su patrimonio. Volar era (y es) muy caro, pero inevitable. Luego vinieron las tendencias oscilantes de empresas que crecían exponencialmente, para luego quebrar y dejar empleados en la calle y rutas desatendidas. Tan grande fue el impacto que producía cada quebranto, que los estados comenzaron a utilizar herramientas de financiamiento y subvención encubiertos. Y era lógico que así fuera: el costo político era muy alto y la decisión imposible de explicar. Nada ha cambiado. Los políticos, desde la oposición, hacen críticas que suenan lógicas y, luego, cuando llegan al gobierno, entienden la magnitud de su disparate. Mientras tanto, empresarios carroñeros, de esos que siempre esperan comprar una quiebra barata, para luego vaciar y cerrar una compañía, ponen en marcha mecanismos de presión, financian campañas políticas que tengan discursos funcionales a su proyecto de negocio y…acechan. Para el caso de nuestra línea de bandera, se destaca la constante participación de los colectivos laborales, a través de sus sindicatos, para sacar a su empresa de las crisis sempiternas. Pero siempre corren un riesgo: se los utiliza para justificar la no viabilidad, cada vez que se alcanza un cuello de botella financiero o político. Nadie entiende la gesta heroica de los trabajadores. Los medios critican las pérdidas, pero deliberadamente olvidan hablar de empresas que, gozando de subvenciones del estado, enrarecen el mercado en términos de confiabilidad de servicios y seguridad. Para mayor asombro aún, algunos de los políticos que enronquecen gritando su indignación por las pérdidas, son propietarios, directa o indirectamente, de esas empresas; haciendo la salvedad de que en ese caso las subvenciones no les molestan. No ofenderé la inteligencia del lector explicando quienes se verían beneficiados con el cierre de Aerolíneas. En cuanto al perjuicio: alcanzaría a toda la Argentina. Dejarse marear por los resultados de las empresas de “bajo costo” solo puede suceder cuando no nos muestran el todo. No son empresas de aviación, sino solo ejercicios financieros, con muy poco apego por la seriedad de las matrices de trabajo, indispensables para sostener la seguridad de la operación. Probablemente una casa construida con paredes de cartón también sea más barata. Pero ¿es lo que Usted elegiría para su vivienda? El entrenamiento profesional de los empleados aeronáuticos genera inversiones que todo aquel empresario que quiera ganar en este juego evitará, hasta el límite que le permita la legislación vigente. El problema radica en que ese entrenamiento no se muestra en publicidades: nadie hace marketing con la seguridad. Además, existe el tema de la rentabilidad de las rutas. Nadie explotaría rutas de baja ocupación: no son rentables. Y, la lógica de una empresa privada es ganar. Es así como, pensar en la frase “ramal que para, ramal que cierra”, acuñada por un ex Presidente de la República, puede graficar los resultados inmediatos de un mercado liberado. Solo se atenderían las rutas ya amortizadas, como Bariloche, Ushuaia, Salta, Iguazú, Calafate, Córdoba, Mendoza… ¿Y el resto? Bien, gracias. Dejaríamos a la buena de Dios, atrasándose en su desarrollo, a una gran cantidad de ciudades y provincias que solo pueden crecer facilitando las cosas al viajero. Aerolíneas es viable. ¿Sorprendido? Sin embargo, lo es. La salida es el crecimiento y, por supuesto, las mejores prácticas para elevar su eficiencia, acercándola al punto de equilibrio financiero. Usted se emociona viendo las camisetas de la selección, con los colores argentinos. Pero, quieren hacerle ver que una selección de 9.000 buenos jugadores es perniciosa. Acérquese a las carteleras de los principales aeropuertos del mundo y observe, detenidamente, las cancelaciones y demoras que se producen constantemente. Claro que de esas no se “hace” noticia. El cóndor lleva sesenta años en el aire y lo llevamos con orgullo. Quizás podría tener aviones más modernos y mejores equipos electrónicos de entretenimiento y en eso están: invirtiendo. Hay valores que no se ven reflejados cuando la noticia se manipula: visión, compromiso, propósito, esfuerzo y pasión. Son los valores de los que, los 365 días del año, durante las 24 horas, bajo la nieve, al calor de las pistas, la lluvia, ponen el avión donde el país lo necesita, donde Usted lo necesita. Ayudando en misiones humanitarias, innovando en la explotación de rutas como la transpolar, que hoy conecta a toda Latinoamérica con Oceanía. Los valores de los que lo reciben “en argentino” cuando Usted regresa a casa y se siente cuidado. Vale la pena el esfuerzo.

lunes, marzo 01, 2010

Malvinas. Galimatías insular, diplomacia y miopía.

Todavía guardaba el recuerdo del olor a la grasa de los fusiles, la pólvora, el frio en el playón de la compañía, el uniforme insuficiente e incómodo, aún para Buenos Aires. Una memoria de impericias y camaradería inevitable; Sargentos de pocas letras y muchos gritos. Solo habían pasado cinco años desde mi absurda milicia forzada, con dieciocho años. Y un día escuché la voz de un Almirante arengando a una tropa lista para desembarcar en un fracaso, en una estupidez, en un error, en una locura. Y los uniformes también fueron insuficientes. Nuestra nación estaba cometiendo una de las peores atrocidades, desde el punto de vista estratégico, diplomático, práctico y humano. ¡Malvinas! Una lectura rápida nos pondrá en la pista de que Margaret Tatcher sabía lo que hacía. La interpretación de contexto explicaba que a la Premier británica le venía como anillo al dedo que el General Galtieri bebiera tanto. Ambos pasaban por momentos de impopularidad y decadencia política. El militar argentino necesitaba distraer. Tatcher también; pero ella llevaba una ventaja: Inglaterra siempre es estratégica, hasta en la demagogia. Fue así que se perdió, al menos aparentemente, para siempre, toda posibilidad de tratar el tema de las islas en una forma razonable y ventajosa para nuestro país. No hubo, ni habrá, marcha atrás. Se me ocurre que si la decisión hubiera sido tomada en un congreso democrático, la idea de una guerra en el atlántico sur hubiese sido recibida con abucheos desde todas las bancas. Pero no; el destino tenía un día de humor muy particular, abonado por un período de autoritarismo y adormecimiento cívico…y allá fuimos. A partir de ese infausto episodio de la historia nacional, dejamos que Inglaterra se asegurara los recursos a futuro, de una islas con obsolescencia desde el punto de vista estratégico-geopolítico, pero promisorios negocios. Igual, había que esperar. Un barril de petróleo a ocho dólares no ameritaba la prospección ni el riesgo financiero. Mientras tanto, la pesca, solventaba los gastos y servía para la caja chica (no tan chica en verdad). Pero el precio del crudo comenzó a crecer. Allá por 2006 se publicaron titulares en algunos diarios sensacionalistas británicos, que hablaban de un supuesto crecimiento de la Fuerza Aérea Argentina, paralelamente a maniobras de un submarino argentino. Citaban como fuente al Foreign Office. No hubo desmentidas. Recuerdo que, ante la evidencia de que era una operación de prensa de bajo impacto, publiqué una nota, bastante enojado por cierto. Aquí, la noticia pasó sin pena, ni gloria, ni siquiera un atisbo de que había un trasfondo preocupante. Inglaterra reforzó su presencia militar un poco más, solo lo necesario. Aseguraron posiciones. En términos de política internacional, preparar los escenarios con algunos años de antelación, es de manual y aconsejado por la prudencia más elemental. La misma prudencia de la que ha carecido nuestra política exterior, toda vez que se ha tratado el tópico de este artículo. Eso también tiene que ver, entre otras cosas, con el poco respeto que se ha tenido a los diplomáticos de carrera, que los hay y muy buenos, por cierto. El Canciller Di Tella genero bastantes arranques de humor cuando intentó un acercamiento desde la seducción con los habitantes de las islas. Pero, ¿alguna vez pensamos en la integración como una herramienta razonable? ¿Cuál hubiese sido la suerte si se hubieran construido puentes? Turismo, desarrollos conjuntos en materia de pesca, creación de acuerdos para que los malvinenses pudiesen estudiar en suelo argentino. Mirándolo hoy ¿No hubiese sido más barato desarrollar una Universidad del Atlántico Sur en Rio Gallegos? Dictar clases en español e inglés, generar convenios de cooperación tecnológica y académica, darles a los isleños una alternativa continental cercana, también para el turismo y la recreación, seducirlos con inteligencia, sin ositos de peluche: ¿Hubiese sido pueril? Por supuesto que Inglaterra iba a sabotear toda iniciativa en ese sentido, pero valía la pena intentarlo. Aun suponiendo que hubiésemos aceptado (Naciones Unidas de por medio) la auto-determinación de los kelpers: ¿No era una gran ventaja estar a tiro de piedra? Desde el punto de vista económico, sería más viable que el juego de suma cero en el que desembocamos. Pero, para ser honestos intelectualmente, hay que ser empáticos. ¿Qué puede atraer a los habitantes del archipiélago hacia un país inestable, latino, impredecible, que tuvo el mal gusto de invadirlos? Silencio. La respuesta no nos gusta. Han pasado casi treinta años y no hicimos nada, nada. Solo reafirmar nuestra indolencia grave, dejando que se dijesen políticos una colección de tipos de poco brillo y mucho barro. Y Chávez se desboca, y emula a Idi Amín, aquel ridículo dictador de Uganda que le hablaba a la Reina de Inglaterra como si fuese su suegra y le declaraba la guerra tres veces por semana. Y, olvidamos el T.I.A.R (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), un fiasco con muchas ínfulas e inoperante frente al real mapa de los intereses internacionales. Es, por supuesto, muy alentador que más de treinta países se pronuncien a favor de la postura argentina. Pero frente al desparpajo con que Gran Bretaña ejerce su poderío, son solo expresiones de deseo de países que, en muchos casos, no podrán hacer valer ningún tipo de sanción. Porque el Derecho Internacional no es Justicia. Solo las potencias están en condiciones de hacer que se cumpla. Y ese es un club en el que no revistamos como socios. Peor aún, nadie confía en nosotros, porque nuestro país lo manejan personas y no instituciones. Hace pocos días salieron noticias que decían que las grandes petroleras no estaban dispuestas a invertir en Argentina. Sobradas muestras damos, cada vez que coqueteamos con expropiadores demagógicos y sus obtusos discursos, que no es prudente invertir muchos millones de dólares, para que luego la aventura sea capitalizada como botín político, en el mejor de los casos, o, como otra adquisición de algún empresario amigo del poder de turno. Por supuesto que quiero decir que las Malvinas son argentinas, pero como a todas las cosas argentinas, las hemos descuidado. Y todo, absolutamente todo, comenzó descuidando la democracia y la Constitución. ¿Alguien tiene idea de cómo nos ven los kelpers?

domingo, febrero 14, 2010

Sobre peluquines y méritos.

Un señor con peluquín anaranjado encara la cámara y el micrófono.En pantalla dividida, se ven imágenes de un hospital, el zoom se acerca a un rincón plagado de cucarachas ; mientras tanto, en la otra mitad de la pantalla el señor de pelo naranja demuestra que su cara es más dura que el módulo espacial de la Apolo 11, sin ponerse colorado, espeta al periodista: -esto es común en todos los hospitales, yo mismo superviso a la empresa que fumiga y la limpieza...-Me quedo duro por unos instantes, y no puedo decir que no creo lo que veo; lo que me preocupa es justamente eso, lo creo.Y comienzo a repasar mi agenda mental.Héctor, mi concuñado cardiólogo; Rodo, peleandole pacientes a la muerte, en ese hospital de frontera con la pobreza, el Posadas; Mario Palermo, otro del Posadas, que atendió, ya hace muchos años, a la primera embarazada portadora de HIV en un parto en hospital público, que le valió una fuerte pelea con el entonces Director del hospital y para lo que él y su equipo compraron sus propios implementos, porque no había presupuesto.Pienso en mi amiga Katya en el Hospital de Niños de San Justo, dejando su energía vital en una heroica gesta diaria, salvando chicos.Chicos pobres, hospitales pobres, pero buenos médicos.Favaloro...Abel Albino, una voz coherente, sensible, creible, con rigor científico...Y vuelvo a mirar al terrible corrupto del pelo naranja, que la política de su provincia a puesto a dirigir un hospital.La política...a esta altura ya no se parece a la realidad.Mis amigos laburan, crecen, creen, enseñan, dan, rien, lloran.Mientras tanto, siguen buscando el sentido de sus vidas, pero lo hacen con buena leche.A veces, quizás demasiadas, se culpan porque piensan que no llegan a alcanzar los mandatos sociales de guita, familia, moda, auto; pero nunca, nunca, se bajan los pantalones, no se abandonan a la obsecuencia, no le dicen ni a un tuerto, ni a un mono que son lindos, eso sería renunciar a sus principios.Y con ellos como armas se ganan el derecho a ser llamados hombres.Pero el del peluquín naranja, no.Una de dos: o es más boludo que inepto, o su obsecuencia lo lleva a inmolarse frente a una cámara de noticiero nacional.Pero que su lengua tiene sabor a medias, zoquetes, calzones y todo lo que tenga que chupar, no se duda.Quizás sea este el funcionario-inepto-corrupto que sirva para entender porqué las cosas andan como andan por la salud.Nos atropellan el Dengue y la Gripe H1N1...y seguimos poniendo al f rente del hospital a gusanos con quincho.Y supongo que quizás, solo quizás, simplificando, lo mismo debe ocurrir con la educación, el transporte, la seguridad.Prefiero la meritocracia.Pero poner a un tipo brillante frente a una cartera ministerial, un hospital, una Dirección, es peligroso.Mejor un pelado chupamedias que quiera comprar peluquín o pagarse un entretejido.Ese no discute, obedece.Y díganme si la obsecuencia no es la puerta de la corrupción.El jefe es lindo, poderoso, brillante, sexy, buen deportista, tiene lindos hijos (por cierto muy inteligentes, jefe...), lindos ojos (sí, ese también), aunque sea un pelotudo a la acuarela.Y mientras esta caterva de indeseables sigue arreglando la compra de autos, casas de veraneo, aviones, yates, a nombre de la suegra (pero con contra documento), mis amigos y yo seguimos creyendo en buscar la luz, el amor, la vida, laburando para conseguirlo.Nosotros siempre podremos mirarnos al espejo.Ellos también, pero verán otra cosa: un salame con peluquín naranja.

miércoles, enero 20, 2010

My Haitian friend, The "Negro" Pierre. Translated by Isaac Moore from New York.

Pierre is Haitian. We became friends several years ago, sharing a group that tried, occasionally, have a more humanistic vision and commitment to the future of mankind. He is a diplomat and no longer lives in our country, which is Argentina, but he made friends. He now lives in Canada. He is in a new stage of life, where fighting uprooted with his family. I remember his gratitude every time I did an interview with the Argentine military forces, stationed in Haiti on a humanitarian mission. He gave a look into his homeland that, helped others to see with empathy, and would almost bring me to tears.Tales of poverty, exclusion, pillageing, barbarism, disease, subjugation to the authority of feuding factions in a bloody conflict, where there were barracks for the poor. There was no headquarters for anyone. A country, victim of oblivion, gone above and only taken into account by tour operators shown as 'picturesque' landscapes of exclusion. And now the earthquake, that could not be avoided. What it could have been avoided was that Haiti had the guard of the defeated tailbacks. In a cruel paradox, the control tower at Port Au Prince is inoperable, and it is going to cost a lot of money to get humanitarian aid to where it is needed by plane.It's hard not to wonder where are the mobile towers that control the military powers use when they want to bomb a sovereign country, using any excuse to not believe or illiterateor to only serve at the point of a bomb? To vernacular dictators at bay, who flout the interests of the people? The only hospital that remains standing is overwhelmed and doing piecework, is the Mission of Argentina. Despite the vagaries administrators, our support was constant. But now, not enough. The Red Cross has stepped up its efforts, but once again, not enough. Nothing has been achieved. And my dear 'Negro' Pierre has a broken soul, dreams destroyed, and a future that has been erased. A country in which the future is just enough to stay alive another day. A humanity that continues on a collision course. And I can not help my friend. Just tell him I'm with him. I pray with him.

jueves, enero 14, 2010

Mi amigo haitiano: el "Negro" Pierre.

Pierre es haitiano. Nos hicimos amigos hace varios años, compartiendo un grupo en el que intentamos, de vez en cuando, tener una visión más humanista y comprometernos con el futuro del hombre. El es diplomático y ya no vive más en nuestro país, pero dejó amigos. Ahora, su destino es Canadá. Allí construye una nueva etapa, donde combate el desarraigo acompañado de su familia. Recuerdo su agradecimiento cada vez que yo hacía un reportaje a las fuerzas militares argentinas, destacadas en Haití en misión humanitaria. Ponía una mirada en su tierra y hacía que otros la vieran, casi con la misma emoción, que me ponía al borde del llanto. No era para nada menos. Relatos de miseria, exclusión, pillaje, barbarie, enfermedades, sometimiento a la autoridad de facciones enfrentadas en forma sangrienta, donde no había cuartel para los pobres. No había cuartel para nadie. Como en Africa, pero acá nomás. Un país víctima del olvido, pasado por encima y solo tenido en cuenta por operadores turísticos que muestran como "pintoresco" el paisaje de la exclusión. Y ahora, el terremoto. No se pudo evitar. Lo que si podría haberse evitado fue que Haití tuviera la guardia baja de los vencidos sempiternos. En una paradoja de la crueldad, la torre de control de Port Au Prince está inoperativa y eso hace que cueste llegar con ayuda humanitaria en avión. Es difícil no preguntarse dónde están las torres móviles de control que las potencias militares usan cuando quieren bombardear un país soberano, utilizando alguna excusa que no se cree ni un analfabeto. ¿O solo sirven para bombardear? ¿O para mantener a raya a dictadores vernáculos que desobedecen los intereses de este o aquel imperio? El único hospital que se mantiene en pié, desbordado y trabajando a destajo es el del la Misión Argentina. A pesar de los vaivenes administrativos, nuestra ayuda fue constante. Pero ahora, no alcanza. La Cruz Roja ha multiplicado sus esfuerzos, pero no alcanza. Nada alcanza. Y mi querido "Negro" Pierre tiene el alma rota, los sueños destruidos, el futuro borrado. Un país en el que el horizonte suficiente es mantenerse con vida un día más. Una humanidad que sigue en rumbo de colisión. Y yo no puedo ayudar a mi amigo. Solo decirle que estoy con él. Que rezo con él.

martes, diciembre 15, 2009

Cuatro mil años de ejemplos…¿para construir nada?

El rey sumerio Gudea de Lagash (2100 a.c. circa) se encuentra representado en múltiples grabados y esculturas. Dos de las más conocidas son las estatuas de “El Arquitecto del plano” y “El Arquitecto de la regla”. Hace cuatro mil años, un poco más. Interesante paso a la posteridad, no por guerrero ni conquistador, sino por “constructor”. Es claro que el tránsito por los años de la historia no necesariamente nos pone en una situación ventajosa a la hora de aprender. Cuando uno piensa en valores, tiende a creer que algunos de ellos son patrimonio único y exclusivo de la modernidad, sin entender que han sobrado ejemplos desde la protohistoria, de líderes y gobernantes que entendieron la construcción como un valor fundamental en el crecimiento de la humanidad. Y hablar de construcción no remite solo al hecho arquitectónico, seguro que no. El primer templo que se construye es el del hombre mismo, luego el de la familia, luego la sociedad y la humanidad entera. Muchos autores otorgan a las catedrales medievales un valor de representación simbólica de la relación del hombre con la naturaleza, con Dios, con el universo; pero, indudablemente, todo comienza con un proceso interno. Ese mismo proceso que transitaron los prohombres, los padres de la patria, los grandes pensadores, los altruistas, los humanistas, no siempre estuvo acompañado por estatuas ni los debidos honores, pero dejó huellas. Ligera paradoja: no buscaron ni el bronce ni el mármol, solo mejorar el futuro. Pesado contraste: hoy se buscan las cámaras, la prensa, los premios, el poder, la perpetuidad en los fatuos cargos temporales. Y mientras tanto, nos negamos toda posibilidad de heroísmo pedestre y cotidiano, pensando que poco podemos hacer para torcer el rumbo del presente. ¿Quién piensa en construcción? ¿Quién puede divorciar su realidad de precios desbocados e instituciones depauperadas para pensar en la posteridad? Sin embargo, la sola repetición de gestos de urbanidad ya sería un avance. Educar a nuestros hijos, trabajar horadamente, cultivar las artes, combatir las razones de la pobreza, investigar en medicina, estudiar, entre otras cosas que consideramos rutinarias, fueron parte de las actividades que hicieron que se destacaran en la historia muchos de los que hoy honramos con la memoria. Algo hemos avanzado. Los grandes alquimistas de otrora no recibieron, siquiera, la formación que hoy adquiere un simple estudiante secundario, pero había una mística de progreso, había propósito. Esto significa, ni más ni menos, que el conocimiento ha desbordado, haciéndose accesible a los que no componen la “elite” intelectual. Pero, de nada sirve este aparente avance si no es acompañado por los valores y, mucho menos, si no señalamos los disvalores. Si no nos construimos individualmente, si no cuidamos nuestro templo interno, si no predicamos con el ejercicio del ejemplo, nuestro prospecto es muy pobre. Las piedras se usaban para construir catedrales; ahora, se le tiran a la policía en las manifestaciones. Seguramente es más cómodo hacer la vista gorda frente a la locura discursiva de las promesas incumplidas, mientras la billetera no adelgace, que ejercer nuestra ciudadanía con responsabilidad frente al futuro. Pero vamos a dejar una herencia que no producirá, precisamente, la admiración de las próximas generaciones. Muy por el contrario, nos dejamos la mística en el camino y aceptamos que un “aparente” estudiante explique a las cámaras de televisión, que él es un “consejero estudiantil” elegido democráticamente, cuando su discurso amerita una vuelta a la escuela primaria habida cuenta de la escases de letras “ese” de que adolece su discurso, justificando los cascotes arrojados al Congreso y a la policía. O bien, que un ministro maltrate a la prensa con frases desafortunadas de jugador de truco; o que un gremialista se desplace en un auto alemán último modelo, o que un juez acepte presiones del Poder Ejecutivo; o que un gobernante multiplique su fortuna más allá de la mínima prolijidad; o que un “barrabrava” tenga chapa política; o que un piquetero presione a los representantes genuinamente elegidos por el pueblo de la Nación; o que un grupo de cuatro gatos locos corte las principales arterias de una “megapolis” como Buenos Aires, pasándose por sus partes el trabajo y las responsabilidades del resto del colectivo social. Y podrían ir mil ejemplos más. Pero ninguno, ninguno, se parecería a la idea de construir. Y lo peor de todo: el material está y los constructores también. Son más los hombres buenos, son más los justos, son más los honrados; pero deben decidir, de una vez por todas, ocupar su lugar y comenzar a reconstruir. Para que Gudea no deba esperar otros cuatro mil años…y nosotros tampoco.

sábado, septiembre 12, 2009

Medicamentos falsos y Derechos Humanos.

En el Senado descansan proyectos que ya tienen media sanción de Diputados. Esto no es una novedad.Son muchos los casos de leyes superadoras frenadas por arte de la mala leche y los lobbies. Pero en este caso, particularmente, ese freno es una canallada de envergadura.Tampoco es una novedad que los grandes delincuentes son exitosos porque cometen delitos cuya pena han mensurado; en muchos casos asesorados por sus abogados de cabecera.Saben que zafan porque no hay ley que los encuadre en una figura penal.Todo redondito.Casi todos detentan poder y gozan de impunidad; han logrado instalarse en un segmento de la sociedad, donde el dinero y las relaciones les aseguran el silencio, merced a las dádivas con políticos.Pero ¿qué se puede decir de tipos que juegan con la vida?Se instala el tema de los medicamentos falsos en los titulares y, en un principio, tiene la entidad de la indumentaria trucha de la feria "La Salada".Luego, la gente comienza a tomar conciencia, cuando piensa que uno de los afectados puede ser alguien amado, que sufre una enfermedad terminal y se entera de que el remedio que estaba tomando podría ser falso.Y su esperanza, motor principal de la recuperación en muchos casos, se quiebra, ya no hay forma de restituirla.Muchas veces he sostenido en mis editoriales que nuestra crisis es de confianza.Lo reafirmo más que nunca.El nucleo de los derechos humanos es la vida misma del hombre, luego su calidad, su futuro, su dignidad, su libertad, su salud...De eso estamos hablando, de salud, de vida y de muerte.No puede juzgarse a la ligera este horrible crimen cometido por delincuentes que son, ni más ni menos que, violadores de derechos humanos.Ojalá pudiera encuadrárselos como criminales de lesa humanidad.Ya que tanto se usan en los discursos las alusiones a los derechos del hombre, quizás haya llegado, otra vez, la hora de honrarlos.

lunes, agosto 31, 2009

A los patriotas que aún quedan...

El diccionario de la Real Academia Española define a "patriota" como: "persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien".Claro que a la hora de ponernos de acuerdo sobre "su bien" comienzan las interpretaciones, dependiendo del ángulo que se tome para la visión superadora.Es por eso que debimos establecer reglas, de manera de decidir que ese "todo" (utópico en principio) fuese al menos "la mayoría" del bien alcanzable; es decir: ya que no alcanza a todos, procuremos que la mayor cantidad se vea beneficiada.Sin embargo, ello no implica que los que no hayan sido alcanzados por ese bien deban, literalmente, joderse.Preocupa que un elevadísimo porcentaje de nuestra población no logre aceptar que los que no ganan una votación no son ciudadanos de segunda.Pero, tambien hay cuestiones de fondo, que se refieren a la "pendular" forma en que se mueve la decisión popular.Lo que hoy, por cuestiones ideológicas, políticas y coyunturales, parece un bien supremo, puede convertirse en anatema con solo esperar que el péndulo comience su recorrido opuesto.También es esperable que el péndulo, en su recorrido, no nos arranque la cabeza, la economía, la esperanza y el futuro.Cada vez que comienza una transición la gente saca su cuerpo del recorrido del péndulo, "no sea cosa"...y se produce una inmovilidad de las decisiones, a la espera de que las cosas se aclaren.Estamos en un momento difícil, el cambio llega en Diciembre, cambian los componentes del Poder Legislativo y con ello, el esquema decisorio de nuestra democracia.Ahora bien: no es bueno que justo ahora haya apuro para sancionar leyes que dificilmente tendrían consenso a partir del cambio en la composición de las Cámaras, pero tampoco lo es el negar "toda" su legitimidad al actual gobierno.Pensar de otra forma implica complicar, entre otras cosas, la estabilidad jurídica y la confianza.Sin ellas, no podemos hablar de políticas de estado, sino solo de medidas de gobierno.Surge entonces la necesidad de dejar de lado los juego partidarios y pensar como "patriotas"; gesto magnánimo que nuestros políticos vernáculos soslayan, persiguiendo objetivos alejados de nuestra cotidianeidad pedestre de ciudadanos entre dos fuegos.También es objetable el foco puesto en una incipiente unidad sudamericana, que obliga a alinear ciertos discursos con personas menos apegadas a la democracia que al poder.El primer patriotismo esperable es respetar las instituciones, todas, todas.Quedan patriotas, por supuesto que sí.Muchos.Esperan la vuelta de la coherencia y, mientras tanto, sufren los dislates de una clase política demasiado penetrada por hombres de obscuro pasado e indefendible presente.Esa misma malformación del tejido político, que ha tenido un comportamiento "tumoral", es la causa por la que la política resulta expulsiva para los buenos hombres que temen, con razón, comprometer su estabilidad emocional, económica, laboral y familiar.Y lo peor es que tienen razón en temer.Pero los héroes tienen miedo, por eso son héroes.No debemos engañarnos, los políticos no son bebes de probeta sino el emergente del descuido que hemos hecho de los valores; pero siempre hay tiempo.Solo se trata de ser patriotas.Se puede.

lunes, agosto 24, 2009

Cruz Roja. Sobre el cuidado de los milagros.

-Yo no creo en milagros-, sentenciaba un compañero de trabajo, una madrugada reciente en que nuestro avión llegaba a Buenos Aires. Lo curioso es que, en ese mismo momento, el sol se veía asomar por el horizonte. Recordé palabras de Chesterton, quien decía que el verdadero milagro radica en que el sol salga, todos los días, por el mismo lado. Y es ese mismo amanecer, que da origen al día y a la vida, el primero de muchos hechos que asumimos descuidados, olvidando que serían razón suficiente para agradecer a Dios o a quien nuestra fe indique. Es que estamos ocupados, haciendo todo lo posible para destruir las cosas buenas que ya teníamos. ¿De qué otra forma puede entenderse nuestra irresponsable forma de cuidar el planeta? Territorios ricos, como la Argentina, no alcanzan a darse las leyes que aseguren el desarrollo sustentable; el paradigma de la conservación del medioambiente se encuentra muy lejos del ideario de la mayoría de nuestros legisladores. El suelo y el agua, básicos en un enfoque conservacionista, son maltratados por industrias, ciudades que crecen sin plan, empresas mineras que explotan a cielo abierto. El hombre, sujeto y objeto del cuidado del planeta, se mata en guerras injustificables, fabrica armas, genera pobreza por inequidad, excluye, explota a sus semejantes e hipoteca su futuro en aras de un avance, al menos, discutible. Pero aún así, los milagros siguen existiendo. Esta afirmación, que podría parecer aventurada, se basa en la indiscutible prueba de que, aún, quedan hombres buenos. Hombres que podrían, tranquilamente, subirse al discurso del escepticismo y, sin embargo, optan por ejercer sus valores. Piensan en el otro…en los otros y hacen cosas buenas. Vayan como ejemplo la innumerable cantidad de organizaciones que cada día luchan, en forma desinteresada, contra la mayoría de los pecados de la humanidad. Comedores infantiles, voluntarios en hospitales, bomberos , maestros rurales, activistas de Derechos Humanos, científicos sacrificados, padres sustitutos, algunos políticos probos; son solo emergentes de un tejido humano que aún abona los milagros y los cuida. Uno de esos ejemplos es la Cruz Roja. Fue fundada por el Masón suizo Henry Dunant, acompañado por otros Masones, que tomaron una iniciativa típica de la institución a la que pertenecían; fundaron y luego, cuando fue sustentable y pudo darse su propio gobierno, la legaron a la humanidad. Para muchos, será solo una institución más, que periódicamente, realiza alguna colecta, para ayudar a los damnificados por un desastre o una de las tantas guerras del calendario de la infamia del hombre. Para otros, habrá significado, como objeto de su ayuda, la diferencia entre la vida y la muerte. No es poco. Desde su fundación ha sido la garantía de supervivencia de las víctimas de la estupidez del hombre, que se afana en seguir pensando la guerra como una opción; también ha mitigado el sufrimiento de millones de personas maltratadas por los desastres naturales. Hace pocos días, un amigo que colabora con la Cruz Roja me pidió ayuda. Necesitaba que lo ayude a difundir un programa, implementado en España desde hace quince años, que ahora se lanza en Argentina. Se trata de un sistema de atención remota para ancianos que no tengan quien los cuide, llamado “Teleasistencia”. Recurrí a algunos directores de radios, publiqué una gacetilla en las agencias de noticias para las que escribo, mandé un pedido de difusión a mi lista de contactos de correo y recibí colaboración, bastante, aunque no sé si será suficiente. Pero la respuesta fue inmediata y positiva. Eso ayuda y me ayuda. También me hace ver que los milagros existen y hay gente, buena gente, dispuesta a cuidarlos. Todavía hay valores en acción. Todavía hay milagros y están ahí, tan simples como el amanecer.

martes, agosto 11, 2009

Si vis pacem…construye la paz. Y no habra vientos de guerra.

“Si vis pacem Para Bellum” reza el viejo apotegma. Si quieres paz, prepara la guerra. Puede que en otro contexto, otro tiempo, con otros paradigmas, fuese verdad, aunque sea a medias. Pero ¿Hoy? ¿Podemos aceptar livianamente que alguien hable de guerra? América latina ha sido (y lo sigue siendo) escenario de guerras, rebeliones sangrientas, dictaduras asesinas; campo de batalla secundario de la guerra fría, territorio de experimentación para sanguinarios dictadores alineados con una u otra potencia. Y mientras tanto, sojuzgada, so pretexto del enemigo externo, permitiendo que se instalaran regímenes de una dureza execrable. Ya bastantes intereses cruzados tiene este sistema asimétrico; pocos nos quieren unidos. Sin embargo, la unión de América debe ser el resultado de la aplicación del humanismo, entendiendo a tal como el cúmulo de medidas de gobierno y políticas de estado que pongan siempre al hombre en el centro de la escena. Si ponemos al hombre en el centro: ¿Dónde entra la guerra? Recuerdo un reportaje radial que le hice a la corresponsal y excelsa periodista Karen Marón. Ella estaba en Bagdad y yo cómodamente en Buenos Aires. La guerra parecía lejos, muy lejos…hasta que comenzó a hablar. Hacía pocos días yo había leído un libro sobre traficantes de armas, que hablaba de “los huérfanos de la guerra”. Por supuesto le pregunté sobre el tópico, ya que es sabido que los corresponsales, con el alma desagarrada, muchas veces terminan intentando salvar niños adoptándolos. Ella lloró y me dijo: Ayer…estuve averiguando… Yo también lloré. La guerra, querido lector, es la peor atrocidad de la que es capaz el hombre. La Argentina podría ser considerada un país pacifista, salvando la “etílica” experiencia de Malvinas, sobre la que nunca hablamos lo suficiente y ocultamos a las víctimas de un General innoble, que cometió un error desde el punto de vista estratégico, una estupidez desde el enfoque diplomático y una canallada desde el punto de vista humano. Pero si un país es pacifista, debe demostrarlo y separarse rápidamente del discurso peligroso de aquellos que consideran la guerra como una opción. ¿Nadie recuerda la película “El huevo de la serpiente”? Se puede aceptar que un megalómano, con un proyecto mesiánico, ligado a fundamentalismos extra continentales diga, en una de sus habituales obnubilaciones efervescentes oratorias, que “soplan vientos de guerra”. No lo acepto, de ninguna manera. No pienso callarme la boca mientras se juega la posible futura orfandad de millones de niños, solo porque el tipo está loco y nadie le dice nada. Cambiemos de carril, crucemos la calle, cambiemos la agenda y el teléfono, cerrémosle la puerta, ¡Basta! Ahora dice que nos va a comprar más…no gracias, tengo otros clientes que no hablan de guerra. Si vis pacem Para Pacem. Si quieres paz, prepárate para la paz… educa a tu pueblo, consolida la justicia, cuida el medioambiente, produce alimentos, asegura el bienestar de tus ciudadanos dándoles condiciones de igualdad, mejora tu industria, termina con la corrupción, dales trabajo, fomenta los valores… Si quieres paz, prepárate para la paz, alejándote de los que hablan de guerra.

domingo, agosto 09, 2009

Las herramientas y el futuro.

No se planifica el futuro con cosmética, ni medidas coyunturales, ni decisiones partidarias endogámicas. El futuro es consenso; simple, pero inevitable. Es la única manera de escapar de la trampa pendular que se cierne sobre las naciones que atan la totalidad de sus decisiones gubernamentales al poder de turno. Me siento a leer los diarios, los newsletters, los cables y recibo visiones de dos Argentinas: en una anda todo bien y en la otra todo mal, dependiendo solamente del color del lente usado. ¿Y los hechos? Ahí viene la parte difícil. No se puede gobernar la Argentina sin el peronismo, aseguran exentos de cinismo mis referentes políticos de confianza y el peronismo está en fase de reproducción (como los gatos, diría El General); se están reagrupando. “A Scioli no le entran las balas”, “el colorado lo traicionó a Duhalde”, “Duhalde lo apoyará a Scioli”, “la gorda se peleó con Margarita”, “Cobos no llega ni a la esquina”, “a Felipe lo ningunean todos”, “Reuteman es De La Rua”, “ si Balestrini se les da vuelta, no pueden entrar más en la provincia”, “Nestor tiene menos amigos que la Tatcher en Cosquín”… Usted, mi querido lector, debe haber escuchado casi todas estas frases y muchas más, con las que no lo aburriré; pero convengamos que preocupa que “eso” sea hablar de política. La política seria, la que serviría para lograr alcanzar la inclusión de los millones de hombres y mujeres de nuestra patria que no logran ni siquiera acercarse al sistema, nada tiene que ver con lo expuesto. La política que educa, alimenta, sana, hace crecer a nuestros hijos con futuro, genera riqueza, incluye, distribuye, ecualiza… es otra cosa. Esa es la política que me importa, la otra me ha llevado al hastío. No pasa día en que no tenga, al menos una charla, con profesionales, técnicos o simples ciudadanos sensibles, que tienen excelentes propuestas para convertir acciones en políticas de estado, basadas en valores (dicho sea de paso: nuestra principal carencia). El crecimiento es sustentable o no es nada. Si el hombre no es sujeto y objeto de esas políticas, son injustas. Pero otra de las condiciones es la continuidad: no hay planes serios a corto plazo. Para asegurar la continuidad es que se necesita institucionalidad; pero veamos: para ello, las instituciones deben desatar su dependencia ideológica-partidaria y preservar a los funcionarios y profesionales de carrera. No es admisible que cada vez que cambia el color del gobierno se produzcan desembarcos masivos de “afines”, cuyo único mérito es la lealtad al poder ganador de las elecciones. ¿Dónde radica la continuidad de las políticas de estado? La respuesta es simple: institucionalidad. Pero esta palabra, con la que nos llevan al hartazgo los discursos de gobernantes y opositores parece vacía de significado, ya que es condición necesaria para la tan mentada “institucionalidad”, ni más ni menos que, tener instituciones fuertes. ¿Para qué sirven las instituciones? Son herramientas, nobles herramientas. Ahora imagine Usted si cada vez que un mecánico o un obrero o un plomero debieran realizar una obra, cambiasen sus herramientas… Absurdo. Cuando un proyecto político propone como punto de partida el cambio de herramientas, ¿no huele mal? Pienso en una cuadrilla de albañiles dispuestos a comenzar una construcción con una batidora, un secador de pelo y una lima de uñas…es risible. Ahora bien: ¿Por qué no es risible que alguien pretenda construir una República con herramientas-instituciones inadecuadas? En un buen taller, las herramientas están limpias, ordenadas; siempre se sabe dónde buscarlas. Ayer, el economista José Irigoyen me sorprendió diciendo:- “el tema de los hold-outs solo puede resolverse desde el Congreso”-… Le pregunté -“¿Y Boudou?”-… Respondió:-“la única herramienta que va a servir para una solución definitiva es el Congreso”- Y siguió explicando, al resto de los presentes, cuales eran los mecanismos adecuados, que deberían tener aprobación legislativa, para que se entendieran como una medida de “consenso”. ¡Qué curioso! Pensé…herramienta, Congreso, consenso… ¿Quién no estaría de acuerdo?

miércoles, agosto 05, 2009

Comunicación en Latinoamérica.Lo que dicen y lo que ves. ¡Reloaded!!!!

A veces uno espera que las cosas cambien, cuando escribe un artículo sobre algún emergente preocupante.Lo que realmente cansa es que las cosas sigan igual.Lo que pasa en Venezuela no es un tema menor, seguro no lo es.La activista-oportunista Lina Ron tiene un impecable paralelismo con nuestro local Delía.Oficiosamente toman medidas de acción directa, que luego son condenadas en forma sospechosamente tibia por sus para-representados.Pero me pregunto ¿Qué pasará si terminan matando periodistas?Dicen que "las revoluciones siempre son legales en primera persona"... y yo agregaría que también las dictaduras y la censura y la represión a los periodistas y los medios.No creo que sea momento para condenas tibias. Dejar avanzar la monstruosidad que comenzó en Venezuela es asistir pacíficamente a la involución más absoluta en términos democráticos.Espero fervientemente que nuestro gobierno condene enérgicamente la violación de la libertad de expresión que impulsa Chaves...No es un amigo esperable para un país que perdió tantos periodistas por culpa de cosas muy similares.Y tampoco creo que sea bueno esperar solo que el gobierno condene, si no lo hacemos quienes nos ocupamos de la comunicación.Por eso, refloto este artículo, lo ratifico y lo utilizo para demostrar que avisé...Como si fuera una receta magistral, se repite un modelo en la comunicación latinoamericana que, al menos, nos debe hacer reflexionar. Confrontación es la primera palabra que viene a la mente. Los grupos multimedia crecen, replicando el modelo de Rupert Murdoch, aunque, en el caso de nuestro continente, la maraña de fusiones y adquisiciones torna imposible ponerle cara y nombre a los púgiles mediáticos. Políticos contra periodistas, vedettes contra vedettes, ciudadanos contra ciudadanos, políticos contra políticos (aunque esto sería lo más natural), comunidades versus empresas, empresarios y cámaras contra gobiernos y gremios. No se ahorran insultos, descalificaciones, discriminación, ni siquiera agresiones físicas. Parece que el único modelo efectivo de disenso es anatemizar al oponente. Si uno creyese en las teorías conspirativas, podría pensar en un plan continental para “babelizar” el diálogo, tornando imposible todo consenso saludable en vistas al crecimiento de los países y los ciudadanos. A río revuelto… se van fortaleciendo los actores principales de estas batallas, que más parecen tener tintes de peleas entre bandas que intención por mejorar las cosas. Se van desdibujando los poderes de las repúblicas, debilitando a su vez a los ciudadanos, que cada día tienen más de espectadores que de partícipes y decisores. Algunos discursos hablan de “independencias”, por supuesto, con un fondo de verdad indispensable para hacer creíble la intención. Independencia de: Estados Unidos, los monopolios extranjeros, las inversiones europeas, el pensamiento externo, la penetración cultural, la industria foránea, la tecnología importada, el F.M.I, el club de Paris, el Banco Mundial, la bolsa de Wall Street, la energía generada por empresas internacionales, las telefónicas…y sigue, acorde a la ubicuidad de quien imparta su discurso a multitudes movilizadas con prácticas demagógicas. Bonito guión para una película donde la inter-dependencia de las naciones pudiera soslayarse alegremente. El continente no está definido, salvo en los mapas. Brasil encuentra petróleo por un aparente golpe de suerte y lo comunica “urbi et orbi”, dando señales de que no aceptará discusiones con respecto a su liderazgo regional, ni siquiera de un Chávez que no pudo romper el frívolo molde Sarkozyano, mostrándose con Naomi Campbell y dejando correr el absurdo de un romance. Se suma a la gesta estadista-modelo un Vladimir Putin que ahora también juega al fauno, regodeándose con el prospecto de su próxima boda con una modelo treinta y dos años menor. Y, los noticieros, aprovechan el interés que concita esta especie de circo frívolo donde se olvida que la Campbell es nada más que una modelo, con bastantes problemas de conducta, por cierto; la gimnasta rusa ama los lindos ojos de Putin y no su poder y Chavez…¡qué lindo es Chávez!, acorde a los dichos de la prensa oficialista venezolana. Carla Bruni reparte fotos y sonrisas como si fueran favores, y soslaya la responsabilidad y el decoro ceremonial propios de una Primera Dama…evitando encontrarse con Nuestra Presidente. El campo argentino plantea sus reclamos, acorde a sus dichos, de la única manera que puede, generando un estrangulamiento alimentario a las alacenas de la capital argentina; mientras, el gobierno responde con un modelo parecido al napalm, incendiando las naves de la concordia, poniendo al fuego en manos de operadores que parecen “salvavidas de plomo” para un modelo que ha tenido éxitos indiscutibles, pero no sabe resolver su relación con la libertad de prensa. Tanto es que no sabe resolverlo, que deja un saldo de suspicacias que serían evitables en el caso de escuchar las recomendaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa y las voces de muchos periodistas independientes que “solo” quieren cumplir su rol frente a la sociedad, esto es: informar objetivamente. Es que de alguna manera se ha volcado también un manto de sospechas contra la prensa en su conjunto, olvidando que muchos comunicadores apenas llegan a fin de mes y solo responden a sus valores y principios; no juegan al poder, solo lo exponen a la mirada de la ciudadanía. Visto este modelo vernáculo, es evidente el paralelismo con Venezuela, Bolivia, Ecuador, Colombia, etc. Hasta dónde soportará el hastío el hombre común, que siente cada vez más el síndrome de la “Rosa Púrpura del Cairo”, siendo un espectador que entra en la película “de prestado”. Se escucha hablar de Bolívar y San Martín y de sus ideales continentales en muchos discursos, para luego hacer todo lo posible para que la confrontación torne imposible el modelo propuesto hace casi dos siglos. El Rey de España manda a callar a Chávez, Chávez se pelea con Uribe y a él se suma Correa, Sarkozy le pide a Cristina Fernández de Kirchner que baje los humos del venezolano, mientras propone aceptar guerrilleros de las F.A.R.C. , prisioneros en Colombia, para facilitar el canje por los rehenes. ¿Le pedirá a Cristina que haga lo mismo? Probablemente Francia acepte alegremente que un muchacho con más amor por su fusil Kalashnikov que por las urnas pasee por Paris. ¿Los argentinos aceptaríamos lo mismo? Hasta aquí, “poderes ejecutivos”. Pero ¿Y los otros poderes de las repúblicas? Queda claro que serían los únicos que podrían ordenar este caos de confrontaciones mediáticas y, de hecho, garantizarían la defensa de los intereses de las naciones por encima de las luchas de poder. Porque de eso se trata: de poder. En ningún caso se escucha discutir ideas. Todos son buenos y malos, dependiendo de cuánto se alejen de la Constitución y las leyes de sus respectivos países. Los ciudadanos de a pie sospechan intereses de los que no se habla, salvo cuando hace falta resaltarlos para desacreditar a un rival. Las compañías de teléfonos se fusionan con las multimedia para llegar al nuevo negocio estrella, el “triple play”. De ese sencillo dato pueden inferirse muchas de las causas reales de los enfrentamientos. Umberto Eco dividía el poder entre los medios y la política: verdad absoluta. Pero, la democracia espera poder funcionar en nuestros voluntariosos países. Algo bueno debería suceder con el tiempo. El problema es que algunos repiten, inconscientes de su finitud humana, que hay que saber esperar. Mi padre decía que: saber esperar, sabe cualquier zoquete, el problema es “poder” esperar. Pero, en realidad, no esperemos sorpresas. El rumbo de la confrontación en los medios tiene un solo final, y el mismo es lesivo para toda Latinoamérica. Alguien decía: “yo no pienso como Usted, pero daría mi vida para que pueda decirlo” Solo con medios independientes se puede ahorrar esa vida ofrecida generosamente. Espero que bajen las confrontaciones de circo político-mediático, pero que nunca se dejen de decir las cosas. Hasta que lo que se vea… sea lo mismo que nos dicen.


 
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