Martin Bermudez Opiniones y Dudas

lunes, octubre 30, 2006

Sobre la luz, la democracia y el futuro.

Aunque muchas veces las cosas parezcan indicar lo contrario, los países maduran. Claro que esta madurez es de muy difícil mensura y solo la perspectiva del tiempo permite apreciar los cambios. En estos casos es la historia la que permite enfocar la lente y sacar conclusiones. Quizás sean pocos los años que hagan falta para descubrir el valor que, como emergente, ha cobrado la actitud de la ciudadanía de una provincia argentina. No hace tanto tiempo del sabor amargo que dejó la reforma del Consejo de la Magistratura. Es que la República es el resultado del sacrificio de muchos hombres que, peleando por la libertad, la igualdad y la fraternidad, entendieron que el camino del equilibrio de los poderes era el único que ofrecía garantías. Un hombre puede fallar, pero no las instituciones, si son el producto de una sana ecuación garantizada por la Constitución. Toda vez que los hombres entienden que la misma puede ser reformada para beneficio del poder de turno, sienten la alarma lógica, aprendida a través de la historia, ya que huelgan los ejemplos de experiencias nefastas y recesivas para los derechos de los ciudadanos. Hablamos de “poder de turno” y esto ya debiera ser un indicador de que los turnos, por definición, pasan. La perpetuidad en el poder no puede conjugarse dentro de una frase donde se encuentre la palabra “democracia”, constituiría un oxímoron. Y si esto se piensa absurdo en los casos donde el fraude y el clientelismo son la moneda corriente, en realidad debería causar alarma aún frente a buenas gestiones de gobierno. Adquiere un valor cardinal la práctica de la libre expresión, que en el caso de Misiones ha servido para amplificar los datos de la realidad política y las malas prácticas asociadas, favorecidas por la pauperización de gran parte de la sociedad misionera. Supo “todo” el país sobre la vuelta de un fantasma. Si utilizamos una lente benigna, podremos pensar que no hubo vencidos, solo vencedores. Aún aquellos que apoyaron la reelección del gobernador deben tener un fondo de lógica en su accionar y esto les permitirá modificar el rumbo de la acumulación y la perpetuidad, entendiendo que cada vez menos votos están en venta. Estamos creciendo, aunque, esto es solo el principio. Nadie podrá hablar ya de conspiraciones, ni achacar a una religión el fogoneo de la oposición. Todo el espectro ideológico y partidario cerró filas en defensa de la institucionalidad. Junto a un obispo hubo un rabino. No hablaron de dogmas sino de valores. Los mismos valores fueron defendidos por los hombres comunes, que han sabido convertir el hartazgo en una decisión popular. Todavía está la luz. En nosotros está llevarla a todos los rincones de nuestra Nación. No será esta la lección definitiva para los que buscan un poder hegemónico, pero claramente será la primera para los que creían que todo está perdido. La democracia aún está viva. Viva la democracia!


 
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