Martin Bermudez Opiniones y Dudas

miércoles, enero 24, 2007

Sobre los taxis mejicanos y las cortes internacionales.

Una mañana de fines de la década del ochenta, caminábamos con un colega por el Distrito Federal de Méjico, cerca de la Zona Rosa, considerada en esos años uno de los barrios más distinguidos, similar a la Recoleta de Buenos Aires. Habiendo paseado por más de tres horas, decidimos volver a nuestro hotel, que estaba a unos cinco kilómetros de distancia. Para desandar el camino sin cansancio, optamos por tomar un taxi. En esa época era frecuente que los taxis no tuvieran o “no funcionara” su reloj marcador, por lo que el precio del viaje se discutía hasta el último centavo, en un ejercicio de retórica que hubiera merecido causas más nobles. Los taxis eran viejos “escarabajos”, casi todos destartalados y los taxistas eran realmente merecedores de su fama de “poco confiables”. Cuando finalmente abordamos un vehículo, luego de pelear por una diferencia de menos de un dólar, escuché algo que aún hoy me deja perplejo; mi colega, al preguntar el taxista por nuestra nacionalidad, contestó con soltura: –Somos uruguayos-. Luego me explicó que nadie nota la diferencia en el extranjero y que a los argentinos, en Méjico, no nos querían mucho. En vista de la realidad que nos toca vivir hoy, en ambas orillas del Río de La Plata, vuelvo a preguntarme:¿Hay diferencia? Por acción u omisión, por impericia de “las diplomacias”, por intereses poco claros en algunos casos, por soberbia, por falta de voluntad para revisar archivos, por imprudencia y ponga Usted cuantas otras razones le parezcan válidas, hoy estamos en el peor punto de nuestras relaciones con el Uruguay. ¿Vale la pena? ¿Valen las penas? Es indudable que existen razones que avalan casi todas las posturas, pero no los mecanismos de reclamo. El mundo intenta evolucionar y parte de esa evolución se basa en encontrar herramientas de resolución de conflictos que nos alejen de los enfrentamientos. Me pregunto si bloquear todos los pasos a una Nación soberana, impidiendo el libre tránsito de nuestros ciudadanos por la frontera, violando garantías constitucionales, impidiendo el comercio y el turismo no significa, lisa y llanamente, vulnerar nuestra más sabia garantía: La Constitución. En la historia de la estupidez humana, muy graves conflictos bélicos se han desatado por causas aparentes de menor entidad que la que hoy ocupa los titulares de los diarios de ambos países. Hace muy pocos días, un ambientalista decía que no iban a bloquear la salida de los buques en el puerto de Buenos Aires, que “solo” iban a arrojar huevos podridos a los automovilistas que embarcaban. Una linda y artesanal manera de entender la validez de los tribunales internacionales. Hasta tanto alguien me demuestre que un producto de granja en mal estado es mejor que el Tribunal de La Haya, seguiré pensando que vamos por mal camino y lamentando la rigidez de las relaciones con, los que considero, mis hermanos uruguayos.


 
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