Martin Bermudez Opiniones y Dudas

domingo, febrero 14, 2010

Sobre peluquines y méritos.

Un señor con peluquín anaranjado encara la cámara y el micrófono.En pantalla dividida, se ven imágenes de un hospital, el zoom se acerca a un rincón plagado de cucarachas ; mientras tanto, en la otra mitad de la pantalla el señor de pelo naranja demuestra que su cara es más dura que el módulo espacial de la Apolo 11, sin ponerse colorado, espeta al periodista: -esto es común en todos los hospitales, yo mismo superviso a la empresa que fumiga y la limpieza...-Me quedo duro por unos instantes, y no puedo decir que no creo lo que veo; lo que me preocupa es justamente eso, lo creo.Y comienzo a repasar mi agenda mental.Héctor, mi concuñado cardiólogo; Rodo, peleandole pacientes a la muerte, en ese hospital de frontera con la pobreza, el Posadas; Mario Palermo, otro del Posadas, que atendió, ya hace muchos años, a la primera embarazada portadora de HIV en un parto en hospital público, que le valió una fuerte pelea con el entonces Director del hospital y para lo que él y su equipo compraron sus propios implementos, porque no había presupuesto.Pienso en mi amiga Katya en el Hospital de Niños de San Justo, dejando su energía vital en una heroica gesta diaria, salvando chicos.Chicos pobres, hospitales pobres, pero buenos médicos.Favaloro...Abel Albino, una voz coherente, sensible, creible, con rigor científico...Y vuelvo a mirar al terrible corrupto del pelo naranja, que la política de su provincia a puesto a dirigir un hospital.La política...a esta altura ya no se parece a la realidad.Mis amigos laburan, crecen, creen, enseñan, dan, rien, lloran.Mientras tanto, siguen buscando el sentido de sus vidas, pero lo hacen con buena leche.A veces, quizás demasiadas, se culpan porque piensan que no llegan a alcanzar los mandatos sociales de guita, familia, moda, auto; pero nunca, nunca, se bajan los pantalones, no se abandonan a la obsecuencia, no le dicen ni a un tuerto, ni a un mono que son lindos, eso sería renunciar a sus principios.Y con ellos como armas se ganan el derecho a ser llamados hombres.Pero el del peluquín naranja, no.Una de dos: o es más boludo que inepto, o su obsecuencia lo lleva a inmolarse frente a una cámara de noticiero nacional.Pero que su lengua tiene sabor a medias, zoquetes, calzones y todo lo que tenga que chupar, no se duda.Quizás sea este el funcionario-inepto-corrupto que sirva para entender porqué las cosas andan como andan por la salud.Nos atropellan el Dengue y la Gripe H1N1...y seguimos poniendo al f rente del hospital a gusanos con quincho.Y supongo que quizás, solo quizás, simplificando, lo mismo debe ocurrir con la educación, el transporte, la seguridad.Prefiero la meritocracia.Pero poner a un tipo brillante frente a una cartera ministerial, un hospital, una Dirección, es peligroso.Mejor un pelado chupamedias que quiera comprar peluquín o pagarse un entretejido.Ese no discute, obedece.Y díganme si la obsecuencia no es la puerta de la corrupción.El jefe es lindo, poderoso, brillante, sexy, buen deportista, tiene lindos hijos (por cierto muy inteligentes, jefe...), lindos ojos (sí, ese también), aunque sea un pelotudo a la acuarela.Y mientras esta caterva de indeseables sigue arreglando la compra de autos, casas de veraneo, aviones, yates, a nombre de la suegra (pero con contra documento), mis amigos y yo seguimos creyendo en buscar la luz, el amor, la vida, laburando para conseguirlo.Nosotros siempre podremos mirarnos al espejo.Ellos también, pero verán otra cosa: un salame con peluquín naranja.


 
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