Martin Bermudez Opiniones y Dudas

sábado, junio 02, 2007

Sobre hacerse los distraidos frente a un glaciar.

No debería sorprender al lector que este autor se preocupe por el agua y el cambio climático, sin embargo, en este caso no es específicamente el tópico nombrado sino sus efectos colaterales los que ocupan el foco de estas líneas. Me refiero a efectos actitudinales producidos sobre la gente en general y sobre los que tienen intereses creados en particular. Hace pocos días llegó a mis manos una copia de la película “Una verdad inconveniente”, realizada por el ex candidato a presidente de Estados Unidos, Al Gore. Se trata de un alegato documental (o documentado) narrado por el nombrado con simpleza y contundencia. Antes de entrar en consideraciones sobre el material fílmico, debo retrotraerme a una amigable discusión sostenida con un grupo de amigos entrañables, en la que recuerdo que uno de ellos me decía que mi postura sobre la crisis del agua era al menos ingenua y estaba abonada por teorías de escaso sustento científico y difícil comprobación. En el mismo grupo las posiciones estaban divididas principalmente entre los que asentían frente al escepticismo de mi amigo y los que lo miraban como si fuera una extraña clase de hombre “congelado” que no hubiera leído los diarios en los últimos veinte años. Por supuesto, cualquiera que haya mantenido debates sobre estos tópicos, habrá vivido experiencias similares. Por supuesto, tampoco habrá podido evitar el gusto amargo de ser visto como un inocente, víctima de la propaganda de los apóstoles del cambio climático, desinformado al punto de no darse cuenta de lo “avanzado” que está el mundo. No se preocupe Usted; a Churchill también le dijeron que sus vaticinios sobre el nazismo eran poco menos que paranoia. Es en esos casos cuando uno quisiera contar con una copia de la película en el bolsillo. Claro que en este caso no se trata de profecías, adivinación ni clarividencia. Es solo capacidad para ver las evidencias. Las imágenes de las nieves del Kilimanjaro, el casquete de hielo del Ártico, Groenlandia y la Antártida, reducidas en forma dramática en los últimos años abundan en elocuencia. Si pudiéramos ver esas imágenes sin sonido y superponer las voces de los escépticos, el resultado tendría pases de comedia. Los dirigentes de las principales compañías fabricantes de automóviles deben tener la misma inocencia que los que nos ocupamos de la preservación del planeta, de otra forma sería inexplicable el desarrollo de motores híbridos, los impulsados por nitrógeno o los eléctricos. Por supuesto, son también unos ingenuos aquellos que impulsaron las normas europeas sobre la contaminación de los motores, que insistiendo en su “ignorancia” ya van por la norma “EURO 4”. Pero Usted no tiene razón, las inundaciones en el Uruguay son una casualidad, igual que los mosquitos que vivirán todo el invierno en Buenos Aires. Los centros de esquí con temporadas cada vez más cortas son una leyenda, al igual que la furia creciente de los huracanes, que se acercan cada vez más al Atlántico Sur (algo que era considerado imposible hace pocos años). Sería bueno preguntar a los habitantes de Nueva Orleans cual es su postura acerca del cambio climático luego del paso del Huracán Katrina. Pero no se preocupe Usted, hay gente que está para cosas más importantes, mientras nosotros los ingenuos tratamos de ver cómo contaminar menos ellos festejan la sorna y la ironía, que ignoro si podrían mantener luego de ver la película de Gore o haber visto su tierra inundada. ¡Bienvenidos los escépticos! Ellos nos dan más fuerza.


 
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